viernes, 30 de septiembre de 2022

FE PRODUCTIVA, 2 Crónicas 8:1-6

FE PRODUCTIVA, 2 Crónicas 8:1-6

Después de veinte años, durante los cuales Salomón había edificado la casa de Jehová y su propia casa, reedificó Salomón las ciudades que Hiram le había dado, y estableció en ellas a los hijos de Israel. Después vino Salomón a Hamat de Soba, y la tomó. Y edificó a Tadmor en el desierto, y todas las ciudades de aprovisionamiento que edificó en Hamat. Asimismo reedificó a Bet-orón la de arriba, y a Bet-orón la de abajo, ciudades fortificadas, con muros, puertas, y barras; Y a Baalat, y a todas las ciudades de provisiones que Salomón tenía; también todas las ciudades de los carros y las de la gente de a caballo; y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalén , y en el Líbano, y en toda la tierra de su dominio.
2 Crónicas 8:1-6

Después del potente reinado de David, el cual se hizo nombre sobre las naciones por sus triunfos en las batallas, el reinado de Salomón destacó por ser el más esplendoroso, próspero y diplomático de toda la historia de Israel.

Es en este octavo capítulo donde el cronista anota, de forma muy sintética pero resaltando lo importante, las obras más relevantes de Salomón.

Según la lectura, los primeros veinte años del trono de Salomón se invirtieron en la edificación del templo y de su propia casa.

Aunque todos los que hemos sabido a grandes rasgos de Salomón, de oídas o por  lectura Bíblica, solemos centrar toda su obra en el proyecto del templo y en su éxito como juez a causa de la sabiduría que Dios le dió, Dios inspiró al cronista para que enlistara todo lo que para Él produjo fruto, que en este caso se trata del crecimiento del reino, de sus mejoras y de las recaudaciones.

La Biblia es la palabra escrita de Dios, en la que ha querido revelarse al hombre de una forma más personal, dándose a conocer en Su potencia y carácter, además de mostrarnos Su voluntad y Sus planes para con el hombre y para con toda Su creación.

La palabra de Dios es viva y eficaz, no sólo en parte, sino en su totalidad. De manera que todo lo escrito en ella es útil, traspasando épocas y culturas, para dar la enseñanza oportuna y aplicable a cualquier persona, de cualquier tiempo y lugar.

Ya lo dijo Pablo en su carta a los Romanos:

"Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza."
Romanos 15:4

El caso de la lectura sobre las obras de Salomón ofrece pues, como todo el conjunto Bíblico, muchísimas enseñanzas que podemos extraer para aplicar en nuestra vida.

A voz de pronto, aprendemos cómo el buen uso de los recursos heredados de su padre, así como de las capacitaciones dadas por Dios, de las cuales la sabiduría es la más destacable, lo llevó a una tendencia creciente en dominio y productividad sobre la tierra.

Y su ejemplo nos trae a la memoria la parábola de los talentos, la cual aplicamos a la administración del don de Dios recibido por gracia, por la fe en el Señor Jesucristo.

El don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, la cual Él compara a una fuente en el interior de todo aquél que en Él cree, en la que brota agua de vida eterna.

"Respondió Jesús y le dijo:Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna."
Juan 4:13-14

Y en la parábola de los talentos podemos comparar aquellos con el don de la vida en Cristo, que debemos invertir en la expansión del evangelio para fruto de salvación a muchos. O también lo podemos aplicar a los dones recibidos por el Espíritu Santo a cada creyente, para el crecimiento y la edificación en el cuerpo de Cristo.

Sea cual fuere la aplicación, ambas concluyen en que la obra administrativa del don recibido marcará la diferencia entre la fe muerta o la fe productiva.

Porque a Dios le ha placido hacer partícipe a Su iglesia del mayor milagro jamás acontecido al hombre hasta la consumación de la obra de Cristo en la cruz del Calvario, el cual es el milagro de la nueva vida en Él, que es dado a todo aquel que cree que Jesús es el Señor y lo recibe como su Salvador personal, en arrepentimiento de sus pecados.

Una nueva vida implica necesariamente una nueva forma de vivir. Y esta, aunque haya sido dada por fe, viene a ser expresada por obras, como evidencia del cambio.

La fuente de vida que Jesús pone en nuestro interior, viniendo a morar en nosotros el Espíritu Santo, es un agua viva que ha de brotar hacia afuera, así como brotara el agua de la roca, en la peña de Horeb, que dió de beber al pueblo sediento en el desierto.

¿De qué sirve una fuente subterránea si no  puede extraerse de ella ningún agua para alimentar la tierra? Asimismo la vida nueva en Cristo no debe estar soterrada en el corazón del creyente sin dejar que emane esperanza de salvación al mundo.

Del mismo modo que las obras de Salomón evidenciaban un reinado próspero, potente y consagrado a Dios, así todo cristiano ha de evidenciar el fruto de su vida en Cristo, distintivo externo para testimonio de salvación en Él. 

Los creyentes en Cristo, como libros abiertos, por nuestra identidad en Él, provocamos que sean leídos nuestros pasos por todo aquel con quien nos cruzamos en nuestro diario vivir.

De modo que no sirve de nada decir: "soy cristiano", si mi identidad no se va a ver reflejada en mi forma de vida y en los frutos resultantes.

Porque pudiera pasar lo que Santiago escribió a los judeocristianos de la dispersión:

"Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras."
Santiago 2:18

Si es que esto nos lo dijera otro cristiano, confrontación tendríamos, aunque la vergüenza sería mayor si nuestra costumbre de vida acabara provocando esta reacción en el incrédulo.

Como siempre apunta Pérez Millos en sus predicaciones, la fe de un cristiano no se evidencia en hablar de Cristo sino en vivir a Cristo. Así como Pablo dijo:

"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí."
Gálatas 2:20

Hoy es día de meditar en cómo sería el listado del cronista si, en lugar de detallar las obras de Salomón, hubiera tenido que detallar nuestras obras en la práctica de la fe Cristiana. ¿Haría una buena lista de ellas?

Buscaremos vivir una fe productiva, para ser hallados con las manos llenas de frutos ante el tribunal de Cristo.

Y para que la lectura de las obras de Salomón, más que hacernos caer en vergüenza, nos motive a esforzarnos en la obra del Señor, nos asiremos de Pedro y su buen consejo:

"Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo."
2 Pedro 1:5-8




















lunes, 26 de septiembre de 2022

POR BURLA Y ESCARNIO, 2 Crónicas 7:19-22

POR BURLA Y ESCARNIO, 2 Crónicas 7:19-22

Mas si vosotros os volviereis, y dejareis mis estatutos y mandamientos que he puesto delante de vosotros, y fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis, Yo os arrancaré de mi tierra que os he dado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la arrojaré de mi presencia, y la pondré por burla y escarnio de todos los pueblos. Y esta casa que es tan excelsa, será espanto a todo el que pasare, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa? Y se responderá: Por cuanto dejaron a Jehová Dios de sus padres, que los sacó de la tierra de Egipto, y han abrazado a dioses ajenos, y los adoraron y sirvieron: por eso él ha traído todo este mal sobre ellos.
2 Crónicas 7:19-22

Finalizamos la lectura del capítulo número siete del segundo libro de Crónicas, con la respuesta de Dios a la oración que Salomón hizo durante la inauguración del templo.

Dios respondió favorablemente, no sin advertir también de las consecuencias que acarrearía el pueblo en caso de que éste se desviara en apostasía.

El aviso de un pueblo desarraigado, echado de su tierra y su templo puesto por burla y escarnio de las naciones, debería servir de advertencia suficiente como para que jamás a Israel se le ocurriera desviarse un sólo milímetro de la ley y de la fidelidad a Dios.

Pero bien podemos citar el Salmo catorce en alusión a la tendencia rebelde de Israel, en vaticinio de lo que había de ocurrir conforme se sucedieran las generaciones de los reyes.

"Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno."
Salmos 14:2-3

El templo de Salomón se construyó pensando que jamás sería destruido, ya que venía a ser la casa de Dios y el distintivo de Israel entre las naciones.

Las dimensiones del templo no eran grandes, pero el hecho de que en su interior no había un solo ídolo llamaba poderosamente la atención y la curiosidad de los paganos de alrededor. Por lo que pudo haber servido de tema perfecto para llevar la ley al conocimiento de las naciones y por ende, la promesa del Redentor, por cuanto fue dada desde Adán, implicando no sólo a un pueblo, sino a toda la humanidad.

"Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar."
Génesis 3:15

Pero ocurre que Israel prefirió parecerse a las naciones paganas de su alrededor, antes que marcar la diferencia en consagración a Dios. Por lo que se hizo con los ídolos y las creencias supersticiosas de los gentiles, justamente como Dios advirtió que no hiciera.

Y así acabó destruído el templo por los hombres de Nabucodonosor y, aunque un siglo después el templo volvería a ser levantado por Zorobabel, aún el pueblo volvería a desviarse.

Entonces vendría el imperio Griego a profanar el templo, levantando un ídolo y sacrificando cerdos a sus dioses en el altar.

La nación consiguió recuperar el templo, cosa que al tiempo acabó reformándose y ampliándose por Herodes. Y aunque el pueblo retomó la ley y las ceremonias pertinentes, ya se había transformado todo en simple costumbre religiosa, por la añadidura de preceptos y doctrinas puramente humanos, por el sanedrín, que representaba la cúpula religiosa y política de Israel.

En ese tiempo vino Cristo, en cumplimiento de la promesa del Redentor, anunciando el reino y devolviéndole el sentido correcto a la ley, de la cual Él es el fin.

Mas la ceguera de los altos cargos de Israel y su sed de poder eran tales, que no quisieron reconocer a Jesús como el Mesías, más bien lo mandaron a la cruz.

Cruz en la que justamente Dios trazó el plan desde la eternidad, en la que debía morir el Hijo, en pago por todo el pecado del mundo, para la salvación de todo aquel que en Él cree.

Muerto, resucitado y ascendido a la diestra del Padre, el Señor nos mandó el Santo Espíritu para hacer morada en todos y cada uno de sus creyentes, como templo de Dios en cada uno, de forma permanente y hasta la eternidad.

Aunque paralelamente continuó su historia aquella parte de Israel que no quiso reconocer a Cristo, como a la espera de aquel Mesías que se ajustara más a su interés terrenal que a la voluntad de Dios.

No era de esperar que el templo fuera destruído de nuevo, esta vez por orden del emperador Tito en el año setenta de la era Cristiana.

Ya no ha vuelto a haber más templo desde entonces, aunque las Escrituras ya anuncian que habrá otro durante los tiempos de la gran tribulación.

Entre tanto, toda persona que viaja a Israel para contemplar los vestigios del escenario Bíblico, ha de observar cómo una mezquita se levanta allá donde antes estaba la casa de Dios, que Salomón construyó en su día, mientras se pregunta mentalmente: "¿Por qué habrá permitido Dios esto con su pueblo y con su templo?" 

"Y se responderá: Por cuanto dejaron a Jehová Dios de sus padres, que los sacó de la tierra de Egipto, y han abrazado a dioses ajenos, y los adoraron y sirvieron: por eso él ha traído todo este mal sobre ellos."
2 Crónicas 7:22

Del mismo modo que el Israel actual vive sintiéndose inmune a cualquier consecuencia que pueda acarrear su incredulidad, pensando que, cumpliendo con sus costumbres religiosas, ya pueden vivir el resto del tiempo abrazando el paganismo, pudiera ocurrir que como cristianos y por ende, habitando el Espíritu Santo en nosotros, cayéramos en pensar que tenemos la libertad de abrazar prácticas y costumbres a sabiendas de su origen pagano, sin esperar que acarree en nosotros consecuencia alguna.

Hoy tomaremos la burla y el escarnio que supuso Israel, a ojos de todo el mundo, en tantas épocas de la historia, y nos servirá de ejemplo para examinar nuestra vida de fe cristiana.

Sirvámonos de la siguiente advertencia de Pablo mientras nos preguntamos: "¿Están siendo fieles mis pasos en Cristo, o los estoy desviando hacia lo terrenal y pasajero?"

"No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna."
Gálatas 6:7-8























viernes, 23 de septiembre de 2022

DIOS RESPONDE, 2 Crónicas 7:12

DIOS RESPONDE, 2 Crónicas 7:12

Y apareció Jehová a Salomón de noche, y le dijo: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio.
2 Crónicas 7:12

[Dios oye todas nuestras oraciones y sus respuestas no tienen por qué ser instantáneas, afirmativas y directas.]

Leemos como Salomón recibió la respuesta en la intimidad de su noche, pasados los veintitrés días que estuvo celebrando el templo junto con el pueblo.

En esta ocasión se trató de una respuesta afirmativa a la petición que hizo el rey sobre el templo, durante la celebración.

"Que tus ojos estén abiertos sobre esta casa de día y de noche, sobre el lugar del cual dijiste, Mi nombre estará allí; que oigas la oración con que tu siervo ora en este lugar. Asimismo que oigas el ruego de tu siervo, y de tu pueblo Israel, cuando en este lugar hicieren oración, que tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada: que oigas y perdones."
2 Crónicas 6:20-21

Pero recibir respuesta de Dios no implica siempre una aprobación de lo solicitado en nuestras oraciones.

A veces pedimos mal, a veces Su respuesta requiere que se haga en el  tiempo perfecto y no cuando nosotros queremos, otras veces la respuesta no va a ser la que esperábamos, y otras tantas (en su mayoría) van a ser respondidas sin tan siquiera nosotros percatarnos de que nuestro Padre nos está respondiendo, por no prestarle la atención necesaria.

También tenemos quien espera encontrar una respuesta Divina por otro medio que no sea la oración directa a Él.

Por norma general, quien hace esto suele dar al intermediario mayor credibilidad que a Dios mismo, algo así podemos recordar de Saúl, el primer rey de Israel, que decidió acudir a una adivina para que ésta invocara a Samuel, ya muerto, porque no había recibido respuesta de Dios.

De Saúl conocemos su impulsividad y su soberbia. Ambas jugaron en su contra cuando no obtuvo respuesta de Dios en el momento en que él estimaba recibirla.

Bueno es recordar que el Espiritu de Dios ya lo había abandonado, a causa de su reiterada desobediencia y orgullo, justificándose, en lugar de arrepentirse, cada vez que éste era reprendido.

Así pues, como su motivación no era arrepentirse de nada, sino más bien pretendía que aún Dios le fuera a ayudar, recibió silencio como respuesta.

Silencio que para nada azotó a su conciencia, sino que todavía fue a consultar a los muertos.

Cabe decir que la nigromancia es una práctica ocultista. Totalmente prohibida a los hombres de Dios, cosa que nos delata muy claramente el lamentable estado en que se encontraba el corazón de Saúl.

Porque su corazón entenebrecido y alejado de Dios no siempre estuvo así, mas como resultado de no esperar ni escuchar Su consejo, fue endureciéndose cada vez más, hasta cauterizar su conciencia.

Su historia y su final nos sirve, cuanto menos de advertencia, para no actuar como él.

Dios oye todas las oraciones, pero sólo atiende a las que llegan a Él en contrición y corazón sincero, bajo la premisa Bíblica de que Dios atiende al humilde y mira de lejos al altivo.

Asimismo el rey David reconoce la especial atención de Dios para con él, verseando sobre cómo Él ha escuchado sus oraciones antes, incluso, de exhalarlas por su boca.

"Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda."
Salmos 139:1-4

Pero qué triste es cuando, en lugar de hacer como David y Salomón, en confiada  espera de la respuesta de Dios, nos dejamos llevar por esa impulsividad, más propia del rey Saúl, y decidimos actuar por nuestra cuenta.

Que, aunque parece un hecho aislado, como debiera de serlo en todo cristiano, lamentablemente suele suceder así.

Esta sociedad actual, bombardeada por la inmediatez y las prisas gracias a la virtualidad y otros grandes avances tecnológicos, obliga al riesgo de las resoluciones espontáneas sin tener en cuenta nada más que nuestro propio parecer.

Pero la vehemencia no ha de entrar dentro del carácter cristiano, por cuanto es incompatible con el fruto resultante del Espíritu Santo morando y guiando a cada creyente.

Más bien somos llamados a dejar que el amor de Dios evidencie el resto del fruto, el cual proporciona paciencia, mansedumbre y templanza en nosotros, por el Espíritu Santo.

Como un David confiado en Dios aconseja en este Salmo, hoy es día de tomar consejo, sabiendo que nuestro perfecto Padre celestial jamás se tarda ni se adelanta, Él siempre responde en el momento perfecto.

"Temblad, y no pequéis; Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad."
Salmos 4:4

Y por si la impaciencia intenta minarnos la paz en Cristo, mientras esperamos en medio de la adversidad, vuélvase nuestro corazón al gozo entonando este verso:

"Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré."
Salmos 5:3





















miércoles, 21 de septiembre de 2022

GRACIA TRANSFORMADORA, 2 Crónicas 7:10

GRACIA TRANSFORMADORA, 2 Crónicas 7:10

Y a los veintitrés días del mes séptimo envió al pueblo a sus hogares ,alegres y gozosos de corazón por los beneficios que Jehová había hecho a David, y a Salomón, y a su pueblo Israel.
2 Crónicas 7:10

Después de esos días congregados en celebración de la inauguración del templo, en sacrificios, alabanza y adoración, el pueblo volvía a su casa, cada cual de donde vino, pero no como vinieron, sino esta vez llenos de gozo y fortaleza por la gracia de Dios y por la gloria de Su presencia.

Es que la gracia de Dios no deja indiferente a cualquiera que se tope con ella y, aunque vemos desde la perspectiva del Nuevo Pacto, en tiempos veterotestamentarios Dios también dejaba caer Su gracia a los hombres.

Y a la vista está, de cuán gozoso estaba el pueblo de Dios tras la celebración del templo de Salomón, por Su gloriosa presencia.

Y así de transformadora es Su gracia, que de un anciano Abram sin hijos hizo a Abraham, el padre de las naciones, a quien tenía por amigo.

Tocó Dios a Jacob, el suplantador, y con Su bendición lo transformó en Israel, sanando su pasado y poniéndolo por nombre de Su nación.

¿Quién hay, en todo el relato Bíblico, que haya experimentado la gracia de Dios y no se haya evidenciado un cambio en su vida?

Ni aún Jonás, el que quería huir de Su presencia, ni siquiera Sansón, el que vivió la vida a su manera... La gracia les alcanzó, e igualmente sus vidas fueron transformadas de grandes decepciones a grandes ejemplos del poder de Dios y de Su irrevocable y poderosa palabra.

Tanto así que Jonás fue nombrado por Jesús como señal de Cristo a los fariseos, por cuanto murió y resucitó al tercer día, así como el profeta fue tragado por el pez y escupido a los tres días.

"El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches."
Mateo 12:39-40

Cumplida la señal que confirmaba la palabra del Señor, Jesús murió, fue sepultado y al tercer día, resucitó.

Resucitado, y anulando con ello a la acción del pecado y de la muerte en todo hombre que en Él cree, ascendió a la diestra del Padre, no sin antes compartir por cuarenta días más Su presencia con Sus discípulos.

Y allá estaban Sus discípulos, viéndolo ascender junto al Padre, y quienes aún esperarían el cumplimiento de otra promesa, la del Espíritu Santo.
"He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto."
Lucas 24:49

Diez días congregados en el aposento alto en espera ininterrumpida en ayuno y oración precedieron a la mayor obra transformadora de la gracia de Dios sobre los hombres, con el poder y la morada del Espíritu Santo en cada uno de los que allá estaban.

A partir de entonces, el Espíritu Santo viene a morar en todo aquel que cree en Jesús y se arrepiente de sus pecados.

Así como el pueblo de Dios fue transformado y lleno de gozo al salir de la inauguración del templo, los ciento veinte del aposento alto no volvieron a ser los mismos de antes nunca más, y pasaron a formar parte del nacimiento y fundación de la Iglesia de Cristo, de la cual Él es cabeza.

Transformación radical que no solamente experimentaron ellos, sino cada cual arrepentido y reconocedor de Jesús como Señor y Salvador suyo.

El gozo que Dios da al creyente en Cristo no es una felicidad momentánea, no se pierde con la adversidad, y como muestra tenemos a los apóstoles, que fueron los primeros en sufrir el evangelio en su carne y he aquí su respuesta.

"Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo."
Hechos 5:40-42

¿Quién en su carne podría sentir gozo después de haber sido arrestado, azotado y además, amenazado por su conducta?

Mas la razón del azote era Cristo y el origen del gozo el Espíritu Santo en ellos. Un gozo que sobrepasa todo entendimiento.

Por lo que podemos entender que cada queja que sale de nuestra boca o aún formándose en el pensamiento, no es digna de ninguna consideración espiritual, sino que proviene de la debilidad de nuestra carne, y no dejamos que el gozo recibido en Cristo reluzca por encima de nuestra protesta para dar testimonio de Su salvación y Su gracia transformadora.

¿Qué gracia transformadora mostraremos al incrédulo si no dejamos que nuestra identidad se evidencie por el gozo ante la adversidad, el cual es fruto del Espíritu?

Por ende, hoy haremos bien en acogernos al buen consejo de Pablo a los hermanos, desesperanzados y llenos de dudas, de Tesalónica, y que es voluntad de Dios:

"Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús."
1 Tesalonicenses 5:16-18

















viernes, 16 de septiembre de 2022

LLENO DE SU GLORIA, 2 Crónicas 7:1-2

LLENO DE SU GLORIA, 2 Crónicas 7:1-2

Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa. Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.
2 Crónicas 7:1-2

Una gran fiesta de inauguración se organizó para la apertura del templo, con innumerables sacrificios, loores y reconocimientos a Dios por Su gran gloria y poder, además de Su  misericordia y sostén para con Su pueblo.

En el pasaje leído, el cronista nos comenta cómo todo lo sacrificado fue consumido enteramente por Dios, enviando fuego sobre ellos. Inmediatamente se instaló Su gloria en toda la casa ocupándola por completo.

Toda esta plenitud de Su gloria era tal que el que escribe nos relata la imposibilidad que tenían los sacerdotes por entrar.  Porque la gloria de Dios llenaba todo el templo.

En tiempos en que Dios habitó entre nosotros en la persona del Hijo, el Señor Jesucristo anduvo anunciando el evangelio del reino durante Su tiempo ministerial que, por las lecturas de los evangelios, entendemos que duró un tiempo aproximado de algo más de tres años, antes de la consumación de Su obra salvífica en la cruz del Calvario.

Durante el paso entre Su pueblo, el Señor fue cumpliendo a rajatabla todo anuncio profético que delataba Su identidad como el Mesías que había de venir. Una de las señales más llamativas de Su identidad era la de resucitar a los muertos y sanar a los enfermos, incluso haciendo crecer nuevos miembros a mutilados o deformes de nacimiento, hasta creando del barro unos ojos a aquel ciego que nació sin ellos.

En las sanidades hubo muchos que fueron liberados de espíritus inmundos que provocaban la enfermedad en cuestión. 

Entre estos casos hubo uno que recibió la instrucción concreta de que se mantuviera lejos del pecado que lo había llevado a la invalidez de la que fue sanado.

"Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor."
Juan 5:13-14

Y un "para que no te venga cosa peor" le llevaba a la necesidad de creer en quien lo sanó, como tratándose del Cristo prometido, quien le había liberado de ese mal.

Fueron grandes las multitudes que seguían a Jesús por tal de ser objetos de un milagro de sanidad, pero no a todos sanó el Señor.

Cuando los representantes de Israel se atrevieron a difamarlo delante de los hombres diciendo que sus obras eran satánicas, el Señor fue muy contundente con ellos, no sólo por su incredulidad. Sino aún más porque, sabiendo inequívocamente, por el cumplimiento de las Escrituras, que Jesús era el Mesías (como dijo Pedro, el Hijo del Dios viviente), calumniaron contra Él para no perder su estatus político, social y religioso, como la máxima representación de la ley sobre el pueblo.

Seguidamente escenificó, a modo de casa barrida y adecentada, qué sucedía en una liberación espiritual, mientras se mantuviera vacío el hueco que quedó libre.

"Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. Y cuando llega, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero."
Lucas 11:24-26

Porque la liberación de demonios era una práctica que ya hacían los sacerdotes de tanto en cuando. Pero el mismo sanedrín era corrupto en ambiciones, por lo que, a quien ellos liberaban no se le daba a conocer la verdad, sino que era despachado de nuevo a su antigua rutina. Por eso de ellos dijo el Señor que desparramaban en lugar de recoger fruto, obrando en contra suyo.

Para hacernos una idea, es como si a día de hoy se le practicara la liberación de un demonio a un incrédulo sin haberle hablado antes de Jesucristo, para que pueda creer y recibir en su vida el Espíritu Santo para que more en él.

Pues el sólo hecho de que el Espíritu Santo venga a morar en el hombre ya provoca que éste sea liberado de espíritus inmundos, porque donde habita la luz no puede habitar la oscuridad.

"La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella."
Juan 1:5

Otro ejemplo está en las sanidades ejercidas por mano de no creyentes, ejemplos tenemos con los que practican Reiki e imposiciones de manos derivadas de mantras anticristianos y claramente satánicos, los cuales sanan aparentemente el cuerpo o incluso el estado anímico, pero son carentes del mensaje de salvación al hombre en Cristo Jesús, por lo que, al carecer del Espíritu Santo, el sanado sigue siendo un reo del pecado y de la muerte.

Y es que la mayor liberación del hombre (y la única eficaz) es la presencia de Cristo en su vida, por su conversión a Él por medio de la fe. Es en este preciso momento en que la persona cree y reconoce a Jesús como Señor y Salvador personal, en arrepentimiento de sus pecados, cuando el Espíritu Santo viene a morar en ella, haciéndola completamente libre de toda atadura que la esclavizaba.

Igual que un envase que está lleno ya no se puede llenar más, a menos que se vacíe, así el nuevo creyente es lleno del Espíritu en el momento de su nuevo nacimiento.

Durante un tiempo el nuevo creyente va a experimentar una protección tal contra toda maldad que se pudiera decir que el mismo Dios lo está cobijando en Sus brazos, como un padre protector cobija a su bebé recién nacido, para que no le pase nada.

Pero conforme vamos madurando adquirimos conocimiento de Dios por Su Palabra, y debemos ir aprendiendo a caminar en Cristo, por lo que de los brazos del Padre pasamos a ir de la mano, hasta el día en que nos deja dar solos nuestros primeros pasos.

El caminar en Cristo sería muy fácil para los cristianos si solamente dispusiéramos de la identidad espiritual adquirida en Él por el Espíritu Santo. Pero mientras vivimos en este mundo seguimos manteniendo nuestro cuerpo de carne, el cual sigue ligado a la ley del pecado y la muerte, habiendo en nuestro diario vivir una cotidiana contradicción entre nuestra voluntad en la carne y la voluntad del Espíritu.

Cuando nos dejamos vencer por lo carnal vamos ocupando de nuevo nuestro corazón de altares personales. Y aunque Dios es fiel y nos salva una vez y para siempre, Su Santo Espíritu puede menguar en nosotros tanto como dejemos de atenderlo, hasta el punto de llegar a apagar su acción en nuestra vida, lo cual nos dejaría totalmente insensibles a la voluntad de Dios y desprovisto de Su protección, contra toda tentación o ataque de maldad.

Es por eso que podemos ver a cristianos verdaderos viviendo una vida más propia de quien no conoce a Dios, que no ora ni se nutre de Su palabra, limitando su mirada a lo terrenal y pasajero, como cualquier mortal sin esperanza, que necesita de lo material para sentirse de algún modo seguro.

Toda esta reflexión derivada del pasaje de hoy nos ha de llevar a meditar en cuán llenos estamos del Espíritu Santo, como para no dejar entrar en nuestra vida todo aquello que nos turba y entorpece en el diario vivir en Cristo.

¿Serán muchos los altares personales que habré estado construyendo de nuevo, después de haber experimentado el milagro de la salvación el día en que nací de nuevo? Caprichos, holgazanería, enfados o egoísmo... ¿Con qué estoy alimentando mi alma?

Hoy es día de pasar lista de todo aquello que resta atención y espacio a nuestra relación con Dios, y despojarnos de lo que no aprovecha para dejarnos llenar enteramente de Él.

"En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad."

"No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu."
(Efesios 4:22-24 y 5:18)












miércoles, 14 de septiembre de 2022

NO HAY QUIEN NUNCA PEQUE, 2 Crónicas 6:33-39

NO HAY QUIEN NUNCA PEQUE, 2 Crónicas 6:36-39

Si pecaren contra ti, (pues no hay hombre que no peque,) y te enojares contra ellos, y los entregares delante de sus enemigos, para que los que los tomaren los lleven cautivos a tierra de enemigos, lejos o cerca, y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren llevados cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de su cautividad, y dijeren: Pecamos, hemos hecho inicuamente, impíamente hemos hecho; Si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma en la tierra de su cautividad, donde los hubieren llevado cautivos, y oraren hacia la tierra que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tu elegiste, y hacia la casa que he edificado a tu nombre; tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada, su oración y su ruego, y ampararás su causa, y perdonarás a tu pueblo que pecó contra ti.
2 Crónicas 6:36-39

Durante la oración de apertura del templo de Salomón, el cronista recuerda a los lectores que la humanidad está marcada por el pecado y no puede evitar caer en éste, sea de la índole que sea.

Es cuando Salomón pone como ejemplo una circunstancia muy común en Israel, la cual es su recurrente infidelidad y su clamor a Dios en la cautividad.

Tan recurrente como la misericordia de Dios hacia todo aquel que se arrepiente de veras. No como hacia el oportunista, que lo intenta tener de pretexto para continuar con su vida pecaminosa, en cual caso Dios no solamente aparta Su rostro sino también Su favor, dejándolo a expensas de las consecuencias de sus actos.

El hecho de que Salomón condiciona al pecador arrepentido a orar en dirección a Jerusalén y más concretamente a su templo, testifica externamente la intención del corazón de quien clama a Dios.

Podemos recordar, por ejemplo, como Daniel oraba en Babilonia, abriendo las ventanas de su casa y se arrodillaba orientado hacia la santa ciudad.

"Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes."
Daniel 6:10

No es que Daniel pensara que Dios solamente podría habitar en Jerusalén y en el templo, ya destruídos por mano de los hombres de Nabucodonosor, sino que dirigiéndose hacia el lugar atestiguaba su mirada en concordancia con la voluntad de Dios y mantenía fresca su identidad en Él.

Cuando un pecador se arrepiente y acepta a Jesús como Señor y Salvador personal, este es perdonado y convertido en una nueva criatura, adquiriendo con su naturaleza humana también una identidad espiritual como hijo de Dios por la acción del Espíritu Santo, que viene a hacer morada en él.

En ese momento, librado de la acción del pecado y de la muerte y con su nueva identidad, viene añadida una nueva voluntad, que es la voluntad del Espíritu, por ende, la voluntad de Dios.

Pero el creyente no deja de ser humano por lo que, mientras vivimos en este mundo, continuamos sosteniendo la antigua naturaleza carnal a la par de la nueva, espiritual, recibida en Cristo.

Esto supone un conflicto interno de intereses entre la carne, que está atada a la autodestrucción, y el Espíritu, que trasciende a vida eterna por la fe en Cristo, por gracia de Dios.

Lo que hace necesario que el creyente mantenga fresca su identidad cristiana, por medio de la oración y de la Palabra, alimentando y fortaleciendo su relación con Dios, para que su carácter vaya siendo cada vez más parecido al de Cristo, nuestro dador de vida.

Algunos creyentes piensan que desde que se convirtieron ya no han vuelto a pecar más y que jamás lo volverán a hacer, levantando el índice para señalar a los cristianos que efectivamente muestran más debilidad en este aspecto y caen en la torpeza de sus pasos.

Claro que cuando uno se piensa que es perfecto y que no hay nada de pecado en todo cuanto hace o piensa ya es un pecado de por sí, llamado soberbia, con el cual se ha glorificado a sí mismo sin esperar a que lo haga Dios, el día en que Su iglesia sea llevada a Su presencia.

Mas, ¿cómo y de qué se arrepentirá aquel que piensa que nunca peca? No puede.

Cierto es que Jesús murió y resucitó una sola vez y para siempre para el perdón de nuestros pecados. Pero esto no implica que ya no pequemos, sino que no deseando hacerlo ni debiéndolo hacer, Dios conoce que no hay nadie en el mundo que nunca peque, por nuestra debilidad. Por lo que Su gracia salvífica en Cristo se extiende en cada creyente desde su primer día en Él y hasta su perfección.

De todos modos esto no significa que el cristiano tenga carta blanca para pecar, ya que cualquiera que tenga ese pensamiento o no es regido por el Espíritu Santo o directamente no mora en él, evidenciando su falsa identidad cristiana.

Porque, ¡qué más quisiéramos dejar de fallar con nuestros pecados a Aquel que nos rescató de la muerte para darnos Su perfecta, santa y eterna vida!

Y por ello mantenemos nuestra mirada dirigida a Él, en Su palabra y por medio de la oración, por tal de que cada vez sean menos las tentaciones y los baches en los que tanto nos avergüenza caer como torpes críos.

Dios conoce nuestras debilidades y limitaciones y, aunque no le agrade, no se va a escandalizar repentinamente de nosotros ni nos va a dejar de perdonar siempre que acudamos a Él con corazón sincero.

Pero sucede que, aún conociendo del inconmensurable amor y misericordia de Dios, el peso de haber pecado nos puede hacer sentir indignos de ser llamados hijos suyos, impidiéndonos a nosotros mismos el acercarnos a Él, y hundiéndonos en una autocompasión que va enfriando nuestra relación con Dios y apagando el Espíritu.

Para que esto no suceda hoy es día de alzar la vista y recordar que nada ni nadie nos puede arrebatar la identidad que nos fue dada en Cristo, por lo que Dios nunca dejará de ser nuestro Padre. Y si un padre terrenal es capaz de perdonar a su hijo en cualquier delito que haya cometido, ¿cómo no hallaremos nosotros el perdón y la restauración de nuestro Padre Celestial?

"Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro."
Hebreos 4:15-16



















martes, 13 de septiembre de 2022

Y TAMBIÉN AL EXTRANJERO, 2 Crónicas 6:32-33

Y TAMBIÉN AL EXTRANJERO, 2 Crónicas 6:32-33.

Y también al extranjero que no fuere de tu pueblo Israel, que hubiere venido de lejanas tierras a causa de tu gran nombre, y de tu mano poderosa, y de tu brazo extendido, si viniere, y orare hacia esta casa, tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y harás conforme a todas las cosas por las cuales hubiere clamado a ti el extranjero; para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, y te teman así como tu pueblo Israel, y sepan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo he edificado.
2 Crónicas 6:32-33

En medio de la oración de Salomón, nos detenemos en este punto, llamándonos la atención el hecho de que el rey se acuerde de los extranjeros, mediando por cada uno de ellos que se arrepienta y busque a Dios, sabiendo que la promesa de salvación al hombre no es exclusiva del judío, sino que por el judío es llevado el anuncio de la promesa al resto de las naciones.

Dios no tiene limitación alguna, ni en poder ni en amor o justicia. Es por eso que del mismo modo que Su justicia caerá sobre todas las naciones sin excepción, asimismo ha caído Su amor para, que por Su gracia en Cristo, puedan hallarse justos por la fe, delante de Él.

Para los judíos el extranjero solía ser una persona inmunda, indigna de compartir espacio con él y mucho menos tocarlo, pues podría contaminarlo de su inmundicia.

Pero esto era una percepción religiosa y cultural emanada del corazón del hombre, ya que en ningún momento Dios muestra este tipo de animadversión contra el extranjero. Sino más bien al contrario, usándose de él cuando ha sido necesario, para darle espacio en la memoria de la historia de Israel, y así confirmar Su voluntad de que Su pueblo llegue a ser uno, formado por toda lengua, tribu y nación.

Eso sí, hasta que se consumara la obra salvífica en la cruz del Calvario, era necesario que el pueblo de Dios viviese dando fruto de su consagración a Él. Y esto implicaba explícitamente que Su pueblo no se mezclase con otros pueblos que no tenían a Dios, mas sin embargo se hacían con sinnúmero de ídolos, que provocarían que el pueblo de Dios abandonara su santificación para adquirir la cosmovisión y las religiones paganas.

La paradoja está en que, a pesar del aparente repudio del judío al gentil, la historia de Israel viene teñida de infidelidad a Dios desde el mismo momento en que el pueblo fue rescatado de la esclavitud en Egipto, e incluso desde antes, aunque aún no hubiera recibido el mandamiento expreso al respecto.

Sin embargo sabemos, por las Escrituras, de extranjeros que tomaron parte de la fe en el Dios de Israel. Con especial relevancia en aquellas mujeres que tuvieron parte en la genealogía de Jesucristo, Rut y Rahab, la viuda moabita y la ramera de Jericó, que además manifestaron una mayor fidelidad a Dios que los hebreos, aún en medio de sus adversidades.

Y Jesús vino a marcar el nexo de unión de Dios para con el hombre, en el mismo Espíritu, así como del judío para con el gentil en Su mismo pueblo.

"Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades."
Efesios 2:14-16

Y la paradoja más grande es que aún hay quien, rescatado por la fe e injertado en la vid verdadera en Cristo Jesús, se deja seducir por pensamientos legalistas y ceremonias religiosas con la intención de hacerse pasar por judío, como si éste tuviera mayor derecho de salvación que el extranjero.

Esto sucede a causa de la inmadurez del creyente, ya sea por su reciente conversión o por falta de conocimiento de la palabra de Dios.

Y a estos débiles en la fe acuden los judaizantes, aquellos que insuflan un panorama religioso que para nada congenia con el evangelio de salvación y hace retroceder a las obras de la ley, aquellas que marcaban la condena al hombre por medio de los mandamientos (porque no hubo ni habrá jamás un sólo hombre en la tierra capaz de cumplir totalmente la ley para ser salvo por ella, a excepción de Cristo, el Salvador, quien era Dios mismo encarnado).

Las sectas judaizantes existen desde que existe la iglesia de Cristo y la lucha contra ellos se ve reflejada en las cartas del Nuevo Testamento, especialmente en las Paulinas, donde el apostol se muestra mordaz contra ellas, llamando a sus lacayos mutiladores del cuerpo, (porque incitaban a los creyentes a circuncidarse como señal de salvación).

"Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo."
Filipenses 3:2

El mandamiento que arroja Pablo a los Filipenses es muy claro, que se guarden de los mutiladores del cuerpo. Porque su proselitismo no se presentaba de cara en medio de la iglesia, como con un cartel que rezara "somos judaizantes y te venimos a captar". Sino que, haciéndose pasar por cristianos, y a veces hasta más cristianos que el mayor de los creyentes de la iglesia, captaban la atención de cualquiera que les cediese oído, entramando en sus mentes pensamientos legalistas que lo fueran apartando poco a poco de la fe. 

Viendo, pues, como el cronista plasmó la intercesión de Salomón por el extranjero que buscaba a Dios, afirmando que recibiría el mismo trato que el judío que busca de Él, ¿qué necesidad tendrá el gentil de aparentar ser judío? ¿No hará, acaso, el ridículo entre el judío y el gentil, por no comportarse ni como lo uno, ni como lo otro?

Cristo es la vida y sólo en Él hay salvación, libertad y vida eterna. Volver a la ley de Moisés sería como mantenerse en el ayo que nos lleva a Él, sin querer llegar a Él como destino.

Luego también los creyentes podríamos aplicar esta porción de la oración de Salomón de la siguiente manera: Si Salomón incluye al extranjero en sus oraciones para la salvación de su alma, ¿cuánto me acuerdo yo de los incrédulos en las mías, para que sean sensibles al evangelio de Jesucristo y puedan ser salvos por Él?

Hoy es día de meditar bien en si estamos tratando al incrédulo como el judío trataba al extranjero o con la mira compasiva de Salomón, en deseo de que sus ojos sean abiertos y reciba también de la gracia de Dios cuando clame a Su nombre.

Y si por si acaso nos sintiéramos más dignos de salvación que otros, como si la exclusividad de la cruz del Calvario fuera nuestra, recordemos que la gracia de Dios en Cristo se extiende a todos, y no solo a unos pocos.

"Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras."

"Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo."
(Salmos 145:18 y 1 Juan 2:2)



















ACTITUD VICTORIOSA, 2 Crónicas 20:15-17

ACTITUD VICTORIOSA, 2 Crónicas 20:15-17 Y dijo: Oid, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén , y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: N...