martes, 17 de mayo de 2022

TRES DE TREINTA, 1 Crónicas 11:15-19

TRES DE TREINTA, 1 Crónicas 11:15-19

Y tres de los treinta principales descendieron a la peña a David, a la cueva de Adulam, estando el campamento de los filisteos en el valle de Refaim. David estaba entonces en la fortaleza, y había entonces guarnición de los filisteos en Belén. David deseó entonces, y dijo: ¡Quién me diera de beber de las aguas del pozo de Belén, que está a la puerta! Y aquellos tres rompieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén, que está a la puerta, y la tomaron y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino que la derramó para Jehová, y dijo: Guárdeme mi Dios de hacer esto. ¿Había yo de beber la sangre y la vida de estos varones, que con peligro de sus vidas la han traído? Y no la quiso beber. Esto hicieron aquellos tres valientes.
1 Crónicas 11:15-19

El cronista contabiliza a treinta valientes de David pero centra la atención en tres de ellos.

Estos tres valientes fueron a acompañar a David a la cueva de Adulam con el peligro que entrañaba el tener a los filisteos acampados en el trayecto.

Una vez ya con él, y siendo David de Belén, lo oyeron suspirar de nostalgia por las aguas de su pozo, estando flanqueado ahora por los filisteos que aguarnecían la ciudad.

Existe una expresión popular que dice: "Tus deseos son órdenes para mí", y estos tres valientes la aplicaron literalmente tras el anhelo de David.

Enfundados en valor irrumpieron en la guarda filistea y tomaron esa tan preciada agua del pozo de Belén para David.

Pero no la bebió, más bien le sirvió de ofrenda a Dios en gratitud por la atención de estos tres valientes que no necesitaron una orden para ir a cumplir un deseo de su rey.

En otro pozo, concretamente en el de Jacob, en Sicar, se presentó el Señor a una samaritana. Él le pidió a ella agua del pozo y ella acabó recibiendo del agua de vida eterna, en Jesús, tras creer en Él. Rápidamente soltó su cántaro y fue a anunciarlo, de modo que muchos fueron a verlo y creyeron en Él.

"Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo."
Juan 4:41-42

El Señor Jesucristo no solamente tuvo doce discípulos durante su labor ministerial en la tierra, sino que el monto de ellos ascendía a una aproximación de quinientos que le seguían con constancia y eran testimonio de Él.

Pero Jesús escogió a doce en particular para desempeñar una labor especial en la iglesia que surgirá después de Su resurrección y ascensión a la diestra del Padre.

"En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor."
Lucas 6:12-16

Y aún de entre estos doce hubieron tres en especial que gustaron de una relación más cercana con el Señor. Estos fueron Pedro, Jacobo y Juan.

"También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder. Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos. Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos. Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús."
Marcos 9:1-4

¡Qué gran privilegio tuvieron ellos, que gustaron de la experiencia del establecimiento del reino de Dios, en toda su gloria, antes que el resto de la humanidad!

Hoy en día la iglesia de Cristo está formada por hombres, mujeres y niños de toda tribu, lengua y nación que cree en Él y lo reconoce como Señor y Salvador personal.

El número de creyentes es incalculable, aunque el Señor conoce bien a todos y cada uno de Sus hijos. De este número incalculable los hay con una relación más cercana a Dios, de los que destacan misioneros, pastores y maestros.

Tres de treinta fueron los valientes destacados por el cronista. Doce de más de quinientos y luego tres, de entre ellos, los que en los evangelios se distinguen por una más íntima comunión con el Señor.

Y en este momento deberíamos reflexionar si nuestra relación con Dios se puede considerar tal como la de los destacados o como la de los demás.

Hoy es día de iniciar la práctica de una vida devocional íntima con el Señor. De tal manera que podamos escucharlo susurrar ese deseo y seamos capaces de ejecutarlo aún sin que haya que darnos la orden de hacerlo.

Afiencemos nuestra vida de oración para que el Señor no nos tenga que decir como a los Laodicenses:

"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo."
Apocalipsis 3:20














lunes, 16 de mayo de 2022

LOS VALIENTES DE DAVID, 1 Crónicas 11:10

LOS VALIENTES DE DAVID, 1 Crónicas 11:10

Estos son los principales de los valientes que David tuvo, y los que le ayudaron en su reino, con todo Israel, para hacerle rey sobre Israel, conforme a la palabra de Jehová.
1 Crónicas 11:10

Hoy por hoy cuando hablamos de David sólo sabemos visualizar tres etapas de su vida como si trataran de acontecimientos correlativos en su experiencia vivencial: Cuando Samuel lo ungió en secreto siendo éste un pastor de ovejas y el menor de ocho hermanos, cuando David se enfrentó a Goliat obteniendo la victoria y su reinado sobre Israel.

Pero desde lo primero hasta que David se sentara en el trono hubo un largo proceso que le sirvió para fortalecerse, adquirir experiencia y preparar su corazón para la etapa real que estaba por experimentar.

La fe y la valentía del joven David lo llevaron a presentarse voluntario para enfrentarse al gigante Goliat, durante la batalla contra los filisteos donde ninguno de los guerreros de Israel se atrevió a aceptar el desafío del gigante de Gat.

Tras su victoria se ganó una fama superlativa entre las mujeres de Israel que, a la vuelta de los soldados a la ciudad, les recibieron con un nuevo cántico que trastocaría profundamente el corazón del rey Saúl:

"Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música. Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles. Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino. Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David."
1 Samuel 18:6-9

De la animadversión al odio hubo un paso que pronto alcanzó Saúl y, si hasta ese momento buscó la muerte de David enviándolo a misiones peligrosamente difíciles de cumplir, ahora ya no escondería públicamente su ira en contra de él y su intención de matarlo.

David tuvo que huir y hacer vida de prófugo, siendo que el mismo rey de Israel movilizó a sus hombres para su captura y muerte.

Y es en este momento tan difícil de David que los valientes nombrados por el cronista en este capítulo van a ganarse su título.

Pues siendo varones de las tropas de Saúl, abandonaron el respaldo del servicio a su rey para acompañar y proteger a David que, aunque apuntaba maneras, ahora no era más que un fugitivo como cualquier maleante, del cual tampoco nadie conocía que había sido ungido por Samuel, al ser este un hecho que se dió en secreto.

Aún así le fueron fieles en la peor etapa de su vida, en la que les tocó frecuentar, juntamente con David, las cuevas y los riscos, alejados de su hogar, durante casi quince años.

Con tal razón el cronista los llama valientes, por su apoyo incondicional a aquel a quien se le buscaba la muerte por orden del mismísimo rey de Israel.

Estos valientes perseveraron hasta ver coronado a David, tras la muerte de Saúl y sus hijos.

Y el rey David les puso en lugares de honor entre sus hombres, por cuanto ya le fueron fieles cuando él no era más que un simple prófugo, aval más que suficiente de lealtad a su trono.

Cuando el Señor Jesucristo anduvo entre su pueblo había muchas personas que lo seguían por sus milagros de sanidades y de resurrección e incluso por comida.

Pero también había quienes querían seguirlo en calidad de discípulos suyos, por cuanto veían en Él al Señor y Maestro.

Pero les hacía entender que ser discípulo suyo conllevaría dejar toda su vida a un lado para ocuparse en exclusiva a seguir a Jesús.

"Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Y dijo a otro: Sígueme. El le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios."
Lucas 9:57-62

Estas advertencias provocarían que el que le siguiera lo hiciera de verdad y totalmente consciente de que lo que les tocaría vivir, a partir de su decisión, conllevaría soportar experiencias difíciles.

Tan difíciles como las persecuciones a la iglesia, después de resucitado el Señor y ascendido a la diestra del Padre.

Primeramente por los Judíos y luego por los Romanos, los cuales llevaron a muchos cristianos a morir ingeridos por leones o puestos a arder en vida a modo de antorchas para iluminar las calles de la ciudad.

Pero para esto ya nos estaba preparando el Señor, cuando dijo: "en el mundo tendréis aflicción", añadiendo también: "pero confiad, yo he vencido al mundo."

Porque todo lo que pueda llegar a sufrir en este mundo, se queda en este mundo.  Pero la vida de un cristiano trasciende a lo terrenal y pasajero para la eternidad en Cristo Jesús, Señor y Salvador nuestro.

Hoy es día de tomar la actitud de estos valientes de David y seguir a Cristo en consecuencia, en un mundo gobernado por la maldad.

Y si en alguna ocasión nos domina algún miedo, recordemos a Pablo, diciendo:

"Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio."
2 Timoteo 1:7













domingo, 15 de mayo de 2022

LA FORTALEZA DE SION, 1 Crónicas 11:4-8

LA FORTALEZA DE SION, 1 Crónicas 11:4-8

Entonces se fue David con todo Israel a Jerusalén, la cual es Jebús; y los jebuseos habitaban en aquella tierra. Y los moradores de Jebús dijeron a David: No entrarás acá. Mas David tomó la fortaleza de Sion, que es la ciudad de David. Y David había dicho: El que primero derrote a los jebuseos será cabeza y jefe. Entonces Joab hijo de Sarvia subió el primero, y fue hecho jefe. Y David habitó en la fortaleza, y por esto la llamaron la Ciudad de David. Y edificó la ciudad alrededor, desde Milo hasta el muro; y Joab reparó el resto de la ciudad.
1 Crónicas 11:4-8

Se inicia el relato de las obras del rey David como rey de Israel y el cronista nos resume la toma de lo que será la ciudad de David, en Sion.

El joven pastor de Belén y el hijo menor de Isaí, llegó a conocer bien las tierras de la heredad. Entre batallas y huídas, el joven crecía y se fortalecía, hasta que llegó el momento de tomar su trono y supo escoger, para sí, la mejor ubicación.

Jebús era su nombre, pero esta tierra era la asignación eterna del reino de Dios sobre la tierra, llamada Jerusalén.

La centralidad y el emplazamiento estratégicos de la ciudad la hacían, a ojos de David, idónea para albergar un trono eterno, por lo que no se amilanó ante la resistencia jebusea.

Porque David no era un mero afortunado que acertara por casualidad que en Sion tendrá Su trono el Rey eterno sobre la tierra, sino que siendo también profeta, vino a desarrollar sus capacidades y su forma de vida como tipificando al Rey de reyes, el Mesías que Dios anunciará más tarde, en pacto con David, a través de Natán.

"Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino."
2 Samuel 7:12-13

Y cuando el Mesías fue dado por Dios a los hombres para darse en pago por los demás, los que habitaban Su pueblo no le quisieron aceptar participando, sin saberlo, en el cumplimiento del plan de salvación de Dios por medio de Cristo, por Su obra redentora en el Gólgota y en Su resurrección al tercer día.

A los cuarenta días de resucitado, el Señor Jesucristo ascendió a la diestra del Padre hasta el día en que ha de volver.

Porque el Señor volverá, no ya como para entregar Su vida en sacrificio, sino para tomar Su trono para siempre, desde Sion, y sobre todas las naciones.

Y para que sus discípulos no se entristeciesen cuando Él partiera sobre las nubes, Jesús les alentó, diciendo:

"En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis."
Juan 14:2-3

Y esta es la esperanza de los que creemos en Él, que vamos a estar un día en Su gloria y por toda la eternidad. Pues Jesús mismo nos dice que, cual Joab, cuyo nombre significa "Yahvé es Padre", está alistando el lugar en el reino de los cielos para que estemos con Él.

Y en esta esperanza, la iglesia pisa el mundo con la mirada hacia la eternidad, teniendo por labor la de portar la luz de Cristo a las naciones, para hacer la voluntad de Dios, la cual es que todos los hombres tengan la oportunidad de arrepentirse y ser salvos, por medio del evangelio.

Porque cuando el Señor vuelva y establezca Su trono, desde allá juzgará a todos los hombres. Sea que muchos puedan ser hallados en el libro de la vida para su salvación.

Ahora, viendo a David, que era un hombre como cualquiera de nosotros, con la determinación con que tomó Sion sin apreciar la resistencia en su contra. Y viendo a Joab, otro más entre los mortales, derrotando a toda esta resistencia, ¿cómo se va amilanar la iglesia a causa de la resistencia enemiga?

Así que, por cuanto somos hijos de Dios y de Él son los cielos y la tierra. Y por cuanto en Cristo hemos sido hechos coherederos de Su gloria, hoy es día de avanzar con determinación y sin miedo a las provocaciones y a las voces en contra, y hagamos toma de posesión de la victoria contra toda la maldad, que ya nos ha sido dado en Cristo desde el primer día de vida en Él.

Tomemos ánimo y nos sirva este versículo como aliento, para el día en que se nos antoje largo el camino:

"El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento."
2 Pedro 3:9


















viernes, 13 de mayo de 2022

UNÁNIMAMENTE RECONOCIDO, 1 Crónicas 11:1-3

UNÁNIMAMENTE RECONOCIDO, 1 Crónicas 11:1-3

Entonces todo Israel se juntó a David en Hebrón, diciendo: He aquí nosotros somos tu hueso y tu carne. También antes de ahora, mientras Saúl reinaba, tú eras quien sacaba a la guerra a Israel, y lo volvía a traer. También Jehová tu Dios te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel mi pueblo. Y vinieron todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y David hizo con ellos pacto delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel, conforme a la palabra de Jehová por medio de Samuel.
1 Crónicas 11:1-3

Después de nueve capítulos con genealogías y un capítulo siguiente con la muerte de Saúl por su desobediencia, llegamos al onceavo capítulo que nos presenta a David en el momento en que va a ser unánimamente reconocido como rey sobre Israel y debidamente entronizado.

Este acontecimiento no se dió inmediatamente después de la muerte de Saúl y de tres de sus hijos, sino que aún debieron pasar más de dos años hasta que Is-boset, el único hijo de Saúl que quedó con vida, muriera asesinado por manos de Recab y Baana.

Fue entonces donde todo Israel se unificó en pos del ungido rey David, para iniciar la nueva y mejor etapa que se habría vivido desde que hubiera rey en Israel.

El nombre de Is-boset brilla por su ausencia en el relato del cronista, que pasa directamente de Saúl a David sin mencionar sus dos años de reinado durante la transición entre las dinastías reales, de Benjamín a la de Judá.

Is-boset, como indica su nombre, que traducido viene a decir "Hombre de vergüenza", supuso para el cronista, quien por inspiración de Dios escribía, un despropósito de intento de frustrar el plan de Dios y Su propósito para con David, el que mandó ungir para que de su real descendencia surgiera el Cristo prometido, el Hijo de Dios, en rescate a los hombres.

Pero, cuando éste murió, murieron también sus asesinos, Recab y Baana, en castigo por haber traído su cabeza a David, quien no toleró la bajeza de haberle dado muerte a traición, cuando él no se podía defender.

Todo lo referente a este sombrío asunto no lo registra el cronista, pero sí se podrá leer en el segundo libro de Samuel.

"Cuando entraron en la casa, Is-boset dormía sobre su lecho en su cámara; y lo hirieron y lo mataron, y le cortaron la cabeza, y habiéndola tomado, caminaron toda la noche por el camino del Arabá. Y trajeron la cabeza de Is-boset a David en Hebrón, y dijeron al rey: He aquí la cabeza de Is-boset hijo de Saúl tu enemigo, que procuraba matarte; y Jehová ha vengado hoy a mi señor el rey, de Saúl y de su linaje. Y David respondió a Recab y a su hermano Baana, hijos de Rimón beerotita, y les dijo: Vive Jehová que ha redimido mi alma de toda angustia, que cuando uno me dio nuevas, diciendo: He aquí Saúl ha muerto, imaginándose que traía buenas nuevas, yo lo prendí, y le maté en Siclag en pago de la nueva. ¿Cuánto más a los malos hombres que mataron a un hombre justo en su casa, y sobre su cama? Ahora, pues, ¿no he de demandar yo su sangre de vuestras manos, y quitaros de la tierra? Entonces David ordenó a sus servidores, y ellos los mataron, y les cortaron las manos y los pies, y los colgaron sobre el estanque en Hebrón. Luego tomaron la cabeza de Is- boset, y la enterraron en el sepulcro de Abner en Hebrón."
2 Samuel 4:7-12

Puestos en el contexto de la situación, ahora estaban reconociendo unánimamente a David como rey por sobre toda Israel, confesando que habían rendido pleitesía al rey Saúl mientras reconocían en David al verdadero ungido de Dios.

Pero mientras Saúl vivía, ellos se prestaban a sus órdenes y servicio, los cuales en sus últimos años se habían centrado casi exclusivamente en hacer desaparecer a David y a todo aquel que le simpatizara.

He aquí la paradoja de éstos, que servían a quien buscaba destruir al que ellos reconocían por su buen hacer y lealtad a Dios y a Su pueblo.

No quiso, pues, el cronista, traer a la memoria a aquellos que causaban división, sino que se centrará en su unificación en favor de su rey.

Pasado el tiempo, llegó el día en que se diera el cumplimiento de la llegada del Mesías, el hijo de David y Varón de dolores, tal como profetizara Isaías y el mismo David en los Salmos.

"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido."
Isaías 53:4

Éste fue nacido de virgen, Dios Hijo hecho hombre y habitando entre nosotros, para vivir como hombre, pero sin pecado. Y en su impecabilidad, hizo justicia clavando consigo en el madero la sentencia que nos condenaba a muerte, confirmándola con un claro "consumado es" y entregando Su espíritu para morir.

Y ese fue el instante en que se diera el acceso a la reconciliación de Dios con el hombre, por cuanto el hombre está inevitablemente separado de Dios desde el pecado de Adán. Así que ahora en Cristo es posible la unificación en su muerte y , en su resurrección al tercer día, se abre el acceso a la vida eterna en Él, como siempre tuvo que ser, antes de que Adán cayera en la transgresión.

Nacida la iglesia tras Su ascensión a la diestra del Padre, vivimos, los que creemos en Él, reconociéndolo como Señor y Salvador nuestro, en medio de un mundo gobernado aún por el que usa el trono que no le pertenece, el cual perecerá para siempre cuando el Señor Jesucristo vuelva.

Porque Él ha de volver, no ya para sacrificarse cual cordero inmolado, sino en cumplimiento de Su gloria profetizada como Rey de reyes y Señor de señores, en el día en que toda rodilla se doblará y todos unánimamente lo reconocerán como Rey sobre las naciones.

Mientras tanto, el Señor ha dado a Su iglesia el legado de la expansión del evangelio de salvación al hombre en Cristo Jesús, para que todos puedan llegar al arrepentimiento y disfrutar así del mismo regalo de salvación y vida eterna en Él.

Porque mientras tanto, la iglesia es el cuerpo de Cristo que, en unanimidad por el Espíritu Santo, reconocemos a nuestro Señor y Rey, viviendo por y para Él en este mundo, hasta que Su justicia sea cumplida sobre todas las naciones y por toda la eternidad, para Su gloria y honra.

Hoy es día de dirigir la mirada hacia lo Eterno y recordar que nuestro Señor y Dios será unánimamente reconocido por todos los hombres de la tierra, por unos para salvación y vida eterna, y por otros, para su perdición, por cuanto desecharon el anuncio de Su nombre de perdón y vida.

Cantaremos, pues, mientras anunciamos a Cristo por las naciones:

"Alabad a Jehová, naciones todas; Pueblos todos, alabadle. Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia, Y la fidelidad de Jehová es para siempre. Aleluya."
Salmos 117: 1-2

Amén.

















miércoles, 11 de mayo de 2022

LA PEOR FORMA DE MORIR, 1 Crónicas 10:1-14

LA PEOR FORMA DE MORIR, 1 Crónicas 10:13-14

Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó,y porque consultó a una adivina, y no consultó a Jehová; por esta causa lo mató, y traspasó el reino a David hijo de Isaí.
1 Crónicas 10:13-14

Leído el capítulo diez del primer libro de Crónicas vemos el detalle de cómo murió el rey Saúl.

También se dice que murieron sus hijos Jonatán, Aminadab y Malquisúa por manos enemigas. Pero el impacto está en la forma en que murió Saúl, no por ser el primer rey en Israel, sino por lo contradicctorio de las acciones que causaron su muerte y por lo paradójico de lo que pensó que sería su mejor decisión.

No era nuevo que Saúl vivía apartado de Dios y que no iba a hacer caso a nada más que a su propia prudencia a cada toma de decisión importante en su reinado.

En esta ocasión salió Israel a otra batalla contra los filisteos, pero todos se acobardaron y fueron derrotados, quedando la familia real en total vulnerabilidad contra el enemigo.

Los hijos de Saúl murieron según lo esperable en un escenario bélico. Pero él protagonizó una serie de infelices decisiones y situaciones alrededor de su muerte en batalla.

Y en Gilboa, como se relata en este capítulo y en el primer libro de Samuel, se dió la última batalla en la vida de Saúl.

La última oportunidad del rey en buscar consejo, amparo y valor en Dios, se daba en este momento, donde los filisteos salían en campaña contra Israel.

El orgullo de su corazón lo hacía pensar solamente en sus conveniencias, olvidando que no se trataba de él, sino de la nación a la que estaba representando y a la cual le debía la mejor de su disposición, en defensa de ella.

Pero el pueblo se reinaba por quien no se dejó gobernar por Dios, así que a sus guerreros les pareció más sensato huir de los filisteos al verse en desventaja.

Esto provocó que todo el pueblo habitante de la zona tuviera que huir con lo puesto para no morir.

Y como a un corazón orgulloso lo último que le apetece es verse humillado por quien o qué sea, el rey prefirió matarse antes de caer en manos enemigas.

Él quiso evitarse el escarnio por parte de los filisteos, pero ¿quién sabe?, quizá le hubiera ido bien pasar por vergüenza o tortura o hasta la muerte por mano de ellos para, a cual Sansón, recibiera un último momento de lucidez y su nombre no hubiera quedado plasmado en la historia con la penosa imágen que describe su último aliento.

Lo paradójico de todo es que con su muerte no consiguió evitar que su nombre fuera usado por burla y mofa filistea, cortada su cabeza y despojado su cuerpo de sus vestiduras.

Saúl sufrió la peor muerte, que no es la humillación sino morir sin Dios.

Porque Dios mismo se entregó, como hombre, en la mayor de las humillaciones habida sobre la faz de la tierra, que es la imputación de todo el pecado del mundo en Su persona, para ser clavado con ella en una cruz por manos romanas.

Escupido, molido a golpes, desgarradas sus carnes a latigazos y en la desnudez o casi en ella, ¿qué hay más desnuda que la mayor expresión pública del sufrimiento?

Desde las nueve de la mañana y hasta las seis de la tarde, un cuerpo descoyuntado y en agonía, sin contar todas las horas de la noche pasando de mano en mano entre escarnios, el cuál mayor al anterior, de principales judíos y romanos.

Llegada la hora, Jesús entregó Su espíritu al Padre, y murió. Pero no murió para quedar en el escarnio y en la mofa enemiga, el Señor resucitó al tercer día de su sepultura venciendo así al dominio del pecado y de la muerte en el mundo.

Y ahora por medio de la fe en Cristo nos hacemos receptores de la gracia de Dios en el perdón y la vida eterna, habiendo pasado la imputación por nuestros pecados a Jesús, mientras pronunciaba el "consumado es" en la cruz del Calvario.

Además, los que creemos en Él, hemos sido hechos hijos de Dios y morada del Espíritu Santo, el cual nos guía, enseña, redarguye y aconseja por la palabra de Dios y hacia un cada vez más marcado carácter de Cristo.

Leyendo la suerte de Saúl, (por cuanto él prefirió su suerte antes que a Dios), nos pudiera escandalizar cómo siendo ungido para inaugurar el sistema monárquico en Israel, éste desobedecía deliberadamente la palabra de Dios y buscaba consejo en todas partes antes que de Dios.

Lo cierto es que, si echamos una mirada introspectiva, nos daremos cuenta que no son pocas las veces que hemos dejado de hacer lo que sabíamos que debíamos hacer, o que en el momento en que tuvimos aquella decisión importante que tomar, prefirimos esperar consejo de algún familiar o conocido incrédulo, o a nuestra propia prudencia, antes que a Dios.

¿Cuántas han sido las veces que nos hemos enfrascado en una labor evangelística, misionera o de alguna otra índole ministerial sin haber esperado, primero, el consejo de Dios?

Saúl experimentó la peor forma de morir, puesto que además de suicidado, murió sin Dios en su corazón. Pero nosotros somos cristianos y el Espíritu Santo mora en nosotros hasta el fin de los tiempos, y aún nos pareciera que más de un creyente se hubiera clavado a su espada antes de sufrir una gran humillación, torturas dolorosas y hasta la muerte y el escarnio público por manos enemigas.

Casi debiera ser obligatorio colgarnos un cartel sobre el espejo que cite a Pablo, diciendo: "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia." (Filipenses 1:21), para tener que verlo todos los días y dejemos de llevarnos por nuestro propio juicio.

Y también, para cada momento de oración, debiéramos añadir: " Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud."
Salmos 143:10





















martes, 10 de mayo de 2022

AL OLVIDO, LOS QUE SE QUEDARON, 1 Crónicas 9:1-3

AL OLVIDO, LOS QUE SE QUEDARON, 1 Crónicas 9:1-3

Contado todo Israel por sus genealogías, fueron escritos en el libro de los reyes de Israel. Y los de Judá fueron transportados a Babilonia por su rebelión. Los primeros moradores que entraron en sus posesiones en las ciudades fueron israelitas, sacerdotes, levitas y sirvientes del templo. Habitaron en Jerusalén, de los hijos de Judá, de los hijos de Benjamín, de los hijos de Efraín y Manasés:
1 Crónicas 9:1-3

Finalizando las genealogías iniciales del primer libro de Crónicas, el cronista registra el nombre de los principales retornados por sus tribus, además de los levitas.

Cabe decir que no todos los israelitas volvieron a su tierra, aún teniendo carta blanca para hacerlo desde el decreto de Ciro y en adelante hasta completarse las tres fases del retorno. Porque la mayoría se habían acostumbrado al entorno socio-cultural de la zona en donde se vieron obligados a exiliar.

Tanto así que, en lugar de suponerles un motivo de gozo recibir el decreto del retorno, les supondría una molestia por tener que desligarse de todos sus compromisos adquiridos con los paganos.

Concluye el cronista, pues, con la memoria de los que volvieron.

Cuando el Señor Jesucristo habitó entre Su pueblo, obró una serie de milagros y señales, muy concretos para que, aquel que los viera y en conocimiento de las Escrituras, reconociera sin ninguna duda que Él era el Mesías prometido, el Hijo que Dios entregaba para la redención de Su pueblo y de toda la humanidad.

Las multitudes le seguían allá donde iba. Mientras tanto, Él hablaba de continuo sobre el acercamiento del reino de Dios y la oportunidad que se les daba de ser parte de él, voluntariamente, y disfrutar así de su heredad perpetuamente, por cuanto perpetuo es el trono del pacto de Dios para con el hombre, por linaje de David.

Pero de esos muchos sólo unos pocos seguían a Jesús por el evangelio del reino, y el resto sólo iba a por el pan y a por los milagros, para continuar con sus vidas como hasta el momento.

Aún así, Cristo murió también por ellos y por todos los hombres, poniéndose en pago por el pecado, con Su muerte, y abriendo el acceso a la vida eterna con Su resurrección. Además, Él volverá, ya no para morir, sino para reinar eternamente en toda Su gloria y majestad.

Y con la consumación de Su obra redentora en la cruz del Calvario, podemos asirnos de Su justicia, en reconocimiento de Jesús como Señor y Salvador nuestro, para nuestra justificación delante del Padre y para, por el Espíritu Santo, ser llevados a la familia eterna de Dios como hijos suyos.

Por medio de Cristo se le presenta al hombre la oportunidad de ser salvo, ya no por medio de la ley, puesto que por ella nadie hallaba más que motivos por los que ser condenado, sino por la fe, la misma fe por la que Abraham fue contado por justicia y ahora cada uno de los que creemos al Señor y a Sus promesas.

Y como el Señor es el mismo ayer, y hoy y por los siglos, Sus bondades se manifiestan en todos los que se acercan a Él por tal de que hallen la salvación por medio de Él.

Pero Sus bondades son perecederas para aquellos cuyo interés está ligado a lo terrenal y pasajero. De modo que cuando consiguen lo que consideran que suple su satisfacción personal, ahí se quedan, y no se vuelven de su pasada manera de vivir para poder ser registrados entre los hijos de Dios, en el libro de la vida.

De estos hablaba Juan, por cuanto estos oportunistas no solamente se dañan a sí mismos al negarse su propia salvación por medio del Hijo, sino que por sus falsedades engañan a muchos y los acaba arrastrando al error.

"Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros."
1 Juan 2:19

Juan los denomina anticristos que, quizá en nuestra mente nos imaginamos a algo así como un demonio, pero que en realidad todo aquél que se constituye contrario a Cristo y a Su palabra, es un anticristo, ya sea porque siga creencias opuestas a Él o porque incluso las predique.

Pero no necesariamente todos los que se apartan de sus compromisos en Cristo, en pos de lo terrenal son anticristianos, pues también hay creyentes que, no soportando el peso de su ministerio, lo dejan para volver a una vida laica y mimetizada con el mundo.

El apostol Pablo, por ejemplo, se vió abandonado por uno de ellos en los más duros momentos de su vida, en los que, desde el frío, oscuro e insalubre calabozo, sólo le quedaba esperar a ser llamado para su muerte.

"Procura venir pronto a verme, porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia."
2 Timoteo 4:9-10

Con esta expresión: "amar a este mundo", Pablo no indicaba necesariamente que Demas adquiriera una contundente enemistad para con Dios, sino que, enrolándose en las cosas propias de la vida natural de  cualquier hombre, dejó de lado su ministerio.

Cierto es que cada vez se complica más, para un cristiano, poder sobrellevar la vida en este mundo sin mermar en la calidad de su relación con Dios y en su ministerio. Porque vivimos en una sociedad repleta de incentivos a las distracciones, además del sistema que obliga a mantener largas jornadas para el sustento básico de cada uno.

Pero, recordando que Dios conoce de qué tenemos necesidad antes incluso de que lo pidamos, y no queriendo pasar al olvido, como aquellos que se quedaron acomodados en el exilio, asumamos nuestra identidad como hijos de Dios y mantengamos nuestra labor en Cristo, para que de esta sociedad insana puedan registrarse cada vez más almas en el reino de los cielos.

"Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre."
1 Juan 2:17















lunes, 9 de mayo de 2022

EL REY, EL AMIGO Y EL LISIADO, 1 Crónicas 8:33-34

EL REY, EL AMIGO Y EL LISIADO, 1 Crónicas 8:33-34

Ner engendró a Cis, Cis engendró a Saúl, y Saúl engendró a Jonatán, Malquisúa, Abinadab y Es-baal. Hijo de Jonatán fue Merib-baal, y Merib-baal engendró a Micaía.
1 Crónicas 8:33-34

Prosiguiendo la lectura de Crónicas por el capítulo ocho, el cronista vuelve a la línea genealógica de Benjamín, explayándose en ella, por cuanto Benjamita fue Saúl, el primer rey que hubo sobre Israel.

Aconteció que el pueblo vió envejecer a Samuel y, a causa del mal testimonio de sus hijos, prefirieron dejar de ser gobernados por Dios a través de los jueces, para sujetarse a un rey de carne y huesos, como el resto de las naciones.

Saúl fue el escogido para tal menester y, aunque inició bien su reinado, pronto su impulsibidad y orgullo provocarían que el favor de Dios se apartara de él para venir a derramarse sobre David, de la tribu de Judá.

Y como David sí que era conforme al corazón de Dios, Saúl no lo soportaba y buscaba matarlo. Pero, al contrario, su hijo Jonatán tuvo una tan profunda amistad con él, que pactó con él fidelidad de por vida a cambio de su misericordia.

Al tiempo Saúl y Jonatán murieron en una batalla contra los filisteos. Esta fue una muy triste noticia para David, o más bien agridulce, porque el lamento dió paso a su entronización como rey de Israel.

A los años de su reinado, David recordó el pacto con su amigo Jonatán: "No dejes que el nombre de Jonatán sea borrado de la casa de David", por lo que fue a buscar si quedara alguien con vida de su linaje.

Merib-baal era el único hijo de Jonatán que quedaba con vida, aunque quedó lisiado al caer durante su huída, a causa de los filisteos, de los brazos de su nodriza, cuando aún tenía cinco años.

Merib-baal fue también conocido por el nombre de Mefi-Boset.

David lo encontró, aunque ya no vivía en la casa de su padre, sino que se fue a habitar a Lodebar. Lodebar, situado en tierra de Galaad, era lugar de silencio y desolación, por cuanto su nombre venía a significar "No palabra" , "Sin palabra" o, según se lee, también podría significar "Sin pasto" o "Sin fruto".

Y ahí estaba el lisiado, viendo el tiempo pasar y asumiendo su suerte desde la lesión que le dejó impedido de sus piernas.

Pero vino el rey a cumplir el pacto que en su día hizo con su amigo Jonatán, y se llevó a Merib-baal dándole un sitio en palacio.

"Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa."

"Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies."
2 Samuel 9: 7 y 13

Así pues, el nombre de Jonatán no solamente no fue olvidado de la casa de David, sino que aún con todo, ha llegado a representar la misericordia de Dios para con los hombres, con el cumplimiento de Su pacto de redención por medio del Hijo.

Vemos, entonces, reflejadas en el rey Saúl las consecuencias de nuestro mal vivir, las cuales son la desolación y la muerte. En Jonatán vemos la esperanza en la promesa de Dios y en Merib-baal el cumplimiento de ella, por medio de Cristo, para redención y vida eterna. 

Nuestras malas decisiones traen sus malas consecuencias. Pero Dios nos tiende una mano amiga, en pacto de reconciliación y acercamiento a través del Hijo, el Señor Jesucristo, quien nos rescata de nuestras miserias y nos hace sentar juntamente con Él en los lugares celestiales.

Y así somos los hombres sin Dios, impedidos y puestos en el lugar de perdición, viendo pasar los días sin esperanza.

Pero Dios se ha acercado a nosotros en Cristo y por medio de su muerte y resurrección al tercer día, somos hechos  receptores de Su vida y coherederos juntamente con Él.

"Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna."
Tito 3:3-7

Sólo nos queda agradecerle con gratitud eterna y con eternas alabanzas.

"Te exaltaré, mi Dios, mi Rey,Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré,Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre. Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable."
Salmos 145:1-3




















ACTITUD VICTORIOSA, 2 Crónicas 20:15-17

ACTITUD VICTORIOSA, 2 Crónicas 20:15-17 Y dijo: Oid, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén , y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: N...