domingo, 7 de agosto de 2022

GRACIA EXTENDIDA, 2 Crónicas 2:7-10

GRACIA EXTENDIDA, 2 Crónicas 2:7-10 

Envíame, pues, ahora un hombre hábil que sepa trabajar en oro, en plata, en bronce, en hierro, en púrpura, en grana y en azul, y que sepa esculpir con los maestros que están conmigo en Judá y Jerusalén, los cuales dispuso mi padre. Envíame también madera del Líbano: cedro, ciprés y sándalo; porque yo sé que tus siervos saben cortar madera en el Líbano; y he aquí, mis siervos irán con los tuyos, para que me preparen mucha madera, porque la casa que tengo que edificar ha de ser grande y portentosa. Y he aquí, para los trabajadores tus siervos, cortadores de madera, he dado veinte mil coros de trigo en grano, veinte mil coros de cebada, veinte mil batos de vino, y veinte mil batos de aceite. 

2 Crónicas 2:7-10 

La palabra de Dios es viva y eficaz, de modo que cada vez que la escudriñamos encontramos la enseñanza y la confrontación necesarias para la formación de nuestro diario vivir en Cristo, sea cual fuere el escenario circunstancial que nos rodea en cada momento. 

Hoy ultimaremos la lectura y reflexión devocional de los primeros diez versículos del capítulo dos de este segundo libro de Crónicas, donde, hasta el verso seis Dios ya nos ha llevado a confrontar nuestra actitud como hijos de Dios, nuestra labor en el cuerpo de Cristo y nuestro amor por las almas. 

Después de presentar la obra a realizar y de exaltar la grandeza de Dios, a quien va dirigida ésta, leemos a Salomón concretando a Hiram el detalle de su solicitud. 

Primeramente Salomón pide al mejor de los artesanos de Tiro para que trabaje con los maestros escultores de Judá y Jerusalén. 

Este hombre ha de dar la talla con los requisitos, que no son pocos, pero si Salomón así lo solicita es porque debía existir este tipo de artesanos tan polivalentes en la época y en la demografía Fenicia. 

Además también pide madera del Líbano, trabajada por sus manufactureros fenicios, a quienes les acompañarán los siervos del rey Salomón en la preparación de la misma. 

Los siervos de Hiram no trabajarán en vano, sino que Salomón les dará a cambio una cantidad ingente de provisiones a repartir, salario que asegurará el futuro de cada trabajador y su familia. 

Para hacernos una idea del generoso pago de Salomón, cada coro suponía diez batos, lo que equivale a doscientos veinte litros en el sistema de medidas contemporáneo y occidental. Por lo que veinte mil coros de trigo y de cebada vienen a ser cuatro millones, cuatrocientos mil litros de cada grano, mientras que los veinte mil batos en vino y en aceite suponen cuatrocientos cuarenta mil litros de cada líquido. 

Serán, pues, estos fenicios, no solamente partícipes en las labores de construcción del templo, sino además beneficiarios de gran recompensa por su trabajo. 

Hay muchos detalles en la historia de Israel que los religiosos judíos quisieron borrar de su memoria. Los dos más destacados son el hecho de haber sido esclavos y, por ende, rescatados y puestos como una gran nación por pura misericordia de Dios y la participación extranjera en eventos tan importantes como la genealogía del linaje real, este es el de Judá, de donde Dios prometió dar el Mesías, y la construcción del templo de Salomón.  

Y es que los principales de Israel llegaron a determinar que seleccionar recuerdos y borrar los más humillantes, a su conveniencia, harían de Israel una nación poderosa sin tener de qué avergonzarse. 

Pero esta falta de memoria histórica provocó el efecto contrario, creando en Israel un corazón soberbio y débil a causa de este orgullo que lo alejaba de Dios, el Sustentador de Su pueblo. 

Cuando Dios creó a Adán lo puso como virrey sobre la tierra, señoreando sobre toda criatura conforme a la voluntad de Dios. Adán y Eva podían hacer todo cuanto quisieran y disponer de todo lo habido y por haber en Edén, a excepción de un único mandamiento, que prohibía tomar de determinado árbol, bajo pena de muerte. 

"Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás."
Génesis 2:16-17 

Aún así Adán pecó transgrediendo este único mandamiento negativo, trayendo la muerte a sí mismo y, por su simiente corrompida, a toda la humanidad. 

Pues ya que por un sólo hombre el pecado y la muerte entraron en acción sobre la tierra, Dios determinó que por un hombre volviera la vida en reconciliación con Dios. 

Este hombre, que debía ser santo y libre de pecado, no podía ser otro que Dios mismo, en la persona del Hijo, humanado y entregándose a Sí mismo en pago por el pecado de toda la humanidad. 

El Mesías no nacería de cualquier manera, sino que habiendo sido anunciado desde que Adán pecara, como la simiente de la mujer, su linaje fue totalmente planificado desde su inicio. 

Para ello Dios trató con un hombre, Abraham, y de él hizo una gran nación llamada Israel, para que de Judá, una de sus doce tribus, y concretamente del linaje del rey David, naciera el Redentor. 

Es así como Dios quiso extender Su gracia al hombre, no solo al judío, sino a toda lengua, tribu y nación, que por fe reconozca a Cristo como su Señor y Salvador personal, para el perdón y la vida eterna en Él. 

Y con la muerte, resurrección y ascensión del Señor a la diestra del Padre, Dios nos ha dado el Espíritu Santo a todo creyente en Cristo, haciéndonos sus hijos y  miembros los unos de los otros en un sólo cuerpo, esto es, la iglesia de Cristo. 

Una iglesia que no se rige por lengua, tribu y nación, sino que a través de la diversidad resalta la evidencia de la hermandad en Cristo, en un mismo sentir y en unión por el Espíritu Santo. 

"Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades."
Efesios 2:14-16 

Ya lo revelaba Dios a Su pueblo, cada vez que permitía al extranjero formar parte de Israel, que su gracia no se limitaría a una sola nación. Y así lo entendió Salomón, al igual que su padre David, permitiendo la participación de Hiram y de sus siervos en la historia de Israel. 

Y aunque en los inicios de la iglesia costó asimilar que la gracia de Dios ya no iba a ser un don exclusivo para el judío, supieron, los apóstoles, obedecer al Espíritu Santo en virtud de la unión en Cristo. 

"Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús."
Gálatas 3:28 

Igual que el judío se sentía superior que el gentil tocante al favor de Dios y a su derecho de salvación en Cristo, por el mero hecho de su origen, toca reconocer que una vez fuimos rescatados y pasados de muerte a vida, no es poca la tentación de mirar a los incrédulos con arrogancia por haber gustado de la gracia y de la misericordia de Dios. 

¿No éramos acaso nosotros como ellos antes de ser alcanzados por el evangelio de Jesucristo? 

Hoy es día de meditar seriamente en si  nuestra actitud frente a los incrédulos está siendo compasiva y generosa, en favor de que puedan conocer a Cristo o si guardamos la bendición de Dios y Su gracia para nosotros mismos. 

Y por si en algún momento sentimos la tentación de creer que la acción salvífica de Cristo es exclusiva para unos privilegiados escogidos, grupo al cual pensamos pertenecer, roguémosle a Dios que nos dé un corazón humilde y amoroso para con toda la humanidad, y no solamente para los que creemos que son salvos o dignos de serlo. 

Nos sirvan estas dos notas, de los apóstoles Juan y Pablo, en ejercicio de humildad y amor por las almas. 

"Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo." 

"Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero."
(1 Juan 2:2 y 1 Timoteo 1:15)



















sábado, 6 de agosto de 2022

OMNIPRESENTE, 2 Crónicas 2:5-6

OMNIPRESENTE, 2 Crónicas 2:5-6

Y la casa que tengo que edificar, ha de ser grande; porque el Dios nuestro es grande sobre todos los dioses. Mas ¿quién será capaz de edificarle casa, siendo que los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerlo? ¿quién, pues, soy yo, para que le edifique casa, sino tan sólo para quemar incienso delante de él?
2 Crónicas 2:5-6

Nos encontramos leyendo sobre la determinación de Salomón de edificar el templo, el desarrollo de la petición al rey de Tiro, para que le aporte materiales y artesanos.

Aprovecha para mostrar la superioridad de Dios sobre todos los dioses, por lo que es el Único y Soberano Dios Vivo y Verdadero.
Inmediatamente después leemos a un Salomón sentándose en medio de dos cuestiones cuyas respuestas nos llevan directos a la omnipresencia de Dios.

La omnipresencia es un atributo exclusivo de Dios por el cual Su presencia trasciende todos los límites, de modo que puede estar en todas partes al mismo tiempo.

No habiendo nada que pueda contener Su presencia en un sólo lugar, las dos preguntas de Salomón dejan claro al destinatario que su intención no es encerrar a Dios en una casa, sino edificar el punto de acercamiento, del pueblo a Dios, a través de ofrendas y sacrificios.

La obra de Salomón fue nombrada por Esteban cuando éste, lleno del Espíritu Santo, responde ante el concilio que los fariseos convocaron en su contra, mientras cita a Isaías, diciendo:

"Mas Salomón le edificó casa; si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?"
Hechos 7:47-50

Estas y otras palabras provocaron la muerte de Esteban en manos de los fariseos y la consiguiente persecución de los primeros cristianos en Judea.

Entre los judíos se pensaba que la acción de Dios se centraba en Su pueblo y Su presencia se concretaba en el Lugar Santísimo.

De modo que la acción de la presencia de Dios, según así se concebía, iba perdiendo fuerza conforme más alejado se encontrara uno del Tabernáculo, del Templo, o de la ciudad santa, y hasta los límites de Israel.

La lectura en el libro de Jonás nos muestra una pincelada del pensamiento de que la intervención y la presencia de Dios actuaban sólo en Israel de forma exclusiva y particular.

Este profeta tuvo el cometido de presentarse en Nínive para profetizar su inminente destrucción, pero no quiso obedecer. Así que reaccionó tratando de huir de la presencia de Dios.

"Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová."
Jonás 1:3

Pero sólo le sirvió para aprender que ni aún en las entrañas de la tierra hay lugar alguno que se escape de Su presencia.

"Descendí a los cimientos de los montes; La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío."
Jonás 2:6

Aunque Salomón tenía clara la omnipresencia de Dios, es comprensible que durante el Antiguo Pacto se pudiera pensar en una presencia de Dios localizada y contenible.

Pero lo antiguo pasó y se dio paso al Nuevo Pacto con la primera venida del Señor Jesucristo. Quien siendo Dios Hijo humanado, habitó entre nosotros y se dió a sí mismo en pago por nuestros pecados, muriendo y resucitando al tercer día para nuestra redención en Él y para vida eterna.

Ascendió a la diestra del Padre y volverá una segunda vez, ya no para entregar Su vida por nosotros, sino para reinar en justicia sobre la tierra, en todo Su poder y Su gloria.

Mientras tanto Cristo ha dejado en la tierra a Su iglesia, formada por todo aquel que en Él cree, pero no la ha dejado sola, sino que en todos y cada cual de los cristianos se nos ha dado el Espíritu Santo a morar en nosotros de forma permanente, para santificación y guía conforme al carácter de Cristo.

Así que la presencia de Dios ya no sólo trasciende toda la creación, sino que cada uno en Cristo somos hechos templo del Espíritu Santo. Esto es la inmanencia de Dios en cada creyente, por  medio del Hijo, adoptándonos como hijos en Cristo Jesús, y haciéndonos coherederos de Dios juntamente con Él.

No obstante aún es posible que un cristiano pueda sentirse solo, dejado o alejado de la presencia de Dios.

Esto no se debe a que la propia presencia de Dios, en el Espíritu Santo, haya abandonado al creyente. Sino que el creyente no se está sometiendo a Él, sino que antepone las obras de la carne al fruto del Espíritu, conflicto que genera problemas en su estado anímico y espiritual.

También hay que reconocer que hasta a veces pudiéramos parecernos a Jonás, obrando secretamente, al disimulo o a la hipocresía, pensando que Dios no nos ve.

Pero si la presencia de Dios fuera tan visible a nuestros ojos como un padre parado delante, supervisando atentamente cada uno de nuestros pasos, seguramente abandonaríamos de inmediato muchos malos hábitos y nos centraríamos de pleno en la obra del Señor.

Y por si acaso estemos atravesando un momento difícil en sensación de soledad y desamparo, recordemos nuestra identidad en Cristo, y Su presencia en nosotros, la cual permanece haga sol o llueva, para siempre.

"¿A dónde me iré de tu Espíritu?¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra."
Salmos 139:7-10























jueves, 4 de agosto de 2022

VISIÓN A PERPETUIDAD, 2 Crónicas 2:4

VISIÓN A PERPETUIDAD, 2 Crónicas 2:4

He aquí, yo tengo que edificar casa al nombre de Jehová mi Dios, para consagrársela, para quemar incienso aromático delante de él, y para la colocación continua de los panes de la proposición, y para holocaustos a mañana y tarde, en los días de reposo, nuevas lunas, y festividades de Jehová nuestro Dios; lo cual ha de ser perpetuo en Israel.
2 Crónicas 2:4

Puesto en contacto Salomón con Hiram, el rey de Tiro, presenta su petición  desarrollando su deber y determinación adquiridos con respecto a la edificación del templo.

En este versículo detallará brevemente la suma importancia de la casa que ha de construir y la necesidad de buenos materiales, ya que se tiene la intención de que la construcción dure, aunque no tanto como ha de durar la presentación de los actos solemnes en sus instalaciones, por ser de carácter perpetuo, pero sí el máximo posible en unas óptimas condiciones.

Dios creó al hombre con el propósito de reinar a través de él sobre la tierra, poniendo a Adán en estos menesteres. Pero no pasó de su generación que el hombre pecara en transgresión del único mandamiento con condena de muerte, el cual no parecía nada difícil de cumplir, desde el punto de vista del lector:

"Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás."
Génesis 2:16-17

Con todo y eso, Adán pecó y le sobrevino la muerte a él y, en consecuencia, a toda la humanidad.

El pecado contra un hombre se puede solucionar con una petición de disculpa y un perdón, con el pago de una multa de menor o mayor cuantía, o con tiempo de cárcel.

Pero cuando el pecado es contra Dios, que es Santo y Eterno, se hace imprescindible un pago a la altura de la santidad y la eternidad de Dios para que, por medio de éste, el hombre quede redimido.

Y Dios, en Su inconmensurable amor y misericordia, trazó un plan desde antes de la fundación del mundo, para la salvación del hombre y para tomar Su trono perpetuo sobre toda la creación.

Porque, aunque no fue hasta hace poco más de dosmil años que Dios se hizo hombre para vivir entre nosotros, mostrándose en la persona del Hijo, el Señor Jesucristo, ya nos había sido dado desde el principio de los tiempos para que, por medio de la fe, el hombre sea salvo por gracia de Dios.

Y de este modo fue anunciado, por primera vez, el Mesías Redentor:

"Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar."
Génesis 3:15

Estas fueron las palabras que dirigió Dios contra la serpiente antigua, justo después de la caída de Adán. Palabras que suponían la salvación para quien creyera en el que había de venir por la simiente de la mujer, que es Cristo.

Pero la dureza del corazón del hombre, a causa del pecado, hizo necesario que Dios tratara con la humanidad por medio de un pueblo, Israel, que consagró dándole Su ley y estableciendo con él pacto perpetuo de sacrificios, ceremonias y días de descanso, en mantenimiento del anuncio del Salvador.

Porque esta era la finalidad de la ley de Moisés: conducir a Cristo. Por cuanto no ha habido nunca un sólo hombre en el mundo capaz de cumplir la ley, sino que por ella recibimos, más bien, condena, Cristo vino dando el cumplimiento total de la misma.

Para que, por medio de Él, podamos ser justificados delante de Dios.

Y es que nunca salvó la ley, sino que fue el ayo para la Salvación, dada por gracia de Dios, mediante la fe, desde Adán y hasta el fin de los tiempos.

Y de este modo lo explicó Pablo a la iglesia congregada en Roma, donde los judeocristianos tintaban aires de superioridad sobre los gentiles, creyéndose más dignos de salvación, por la ley de Moisés.

"Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas."
Romanos 10:4-5

Y diciendo así de la justicia que es por la fe:

"Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo."
Romanos 10:8-9

En tiempos de Salomón regía en Israel el antiguo pacto, el de la ley, con señal perpetua de ceremonias, fiestas y sacrificios, en sacerdocio de hombre, el cual debía ser sucedido generación tras generación.

Pero en Cristo y por Él se ha establecido un nuevo pacto, ya no sólo con el judío, sino con toda la humanidad, viniendo a ser, Él mismo, el sacrificio, el Sumo Sacerdote y el Rey que volverá para tomar Su trono.

"Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos."
Hebreos 7:23-25

Pacto eterno de salvación para todo creyente en el Señor Jesucristo, pasado de muerte a vida por la fe en Él, sellado por el Espíritu Santo, justificado y puesto por hijo.

Y si Salomón, estando bajo la ley, podía tener la vista puesta en la perpetuidad de su consagración a Dios, ¿cuánto no la vamos a tener ahora, morando el Espíritu Santo en nosotros?

Hoy es día de reconocer los momentos en que la adversidad nos turbia la mirada y fortalecer nuestra fe. Para que estos momentos de debilidad sean cada vez menos y seamos cada vez más forjados en el carácter de Cristo.

Sírvannos los versos de este Salmo en gratitud eterna a nuestro Padre celestial.

"Alabaré a Jehová con todo el corazónEn la compañía y congregación de los rectos. Grandes son las obras de Jehová,Buscadas de todos los que las quieren. Gloria y hermosura es su obra,Y su justicia permanece para siempre."
Salmos 111:1-3


















lunes, 1 de agosto de 2022

PROVISIÓN EXTRANJERA, 2 Crónicas 2:3

PROVISIÓN EXTRANJERA, 2 Crónicas 2:3

Y envió a decir Salomón a Hiram rey de Tiro: Haz conmigo como hiciste con David mi padre, enviándole cedros para que edificara para sí casa en que morase.
2 Crónicas 2:3

Después de la gran convocatoria de trabajadores para la edificación del templo, Salomón se dirije al rey de Tiro para solicitar que le envíe materia prima de calidad para su obra.

Y es que Tiro era un gran proveedor de maderas nobles, así como la cuna de grandes talladores, escultores y joyeros, por lo que Salomón aprovechó la coyuntura para la provisión en la obra del templo y de palacio.

Pudiera ser tamaño atrevimiento que Salomón solicitara directamente esta colaboración a un rey Fenicio si es que no hubiera un buen trato diplomático que lo avalara.

Pero Hiram había tratado de antemano con su padre, el rey David, con quien asentó una buena relación, por lo que no le resultaría ofensivo que su hijo le solicitara un trato de favor en cuanto a la provisión de estos materiales nobles.

Es más, aunque el cronista ha omitido este dato, podemos leer en el registro primero del libro de Reyes que fue el rey Hiram el que abrió boca, enviando a sus siervos a felicitar a Salomón por su subida al trono.

"Hiram rey de Tiro envió también sus siervos a Salomón, luego que oyó que lo habían ungido por rey en lugar de su padre; porque Hiram siempre había amado a David."
1 Reyes 5:1

Más adelante Salomón consolidará esta buena relación diplomática con Hiram en un toma y daca de favores y ofertas de alianza.

Tiro es una de las dos ciudades que Jesús puso como ejemplo mientras reprendía la incredulidad de Corazín y de Betsaida ante las señales y milagros que les había mostrado el Señor durante su estancia en esa zona:

"¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido. Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras."
Lucas 10:13-14

Nunca sabemos por dónde Dios nos puede proveer de lo necesario para la obra o para nuestro sustento personal.

La tentación de un Israelita estaba en no aceptar ayuda proviniente de tierras paganas, cuanto menos, solicitarla. Aunque los antecedentes se remontan a Abraham, quien aún llamándose Abram descendió a Egipto durante una época de escasez, así mismo hizo Isaac, y luego Dios dispuso a José como gobernador de Egipto para asegurar el sustento de Israel en tiempos de hambruna.

También los filisteos supusieron el apoyo y la protección de David mientras vivía en sus persecuciones por el rey Saúl, que buscaba matarlo.

¿Qué habría de extraño, pues, en que ahora Dios se usara de nación extranjera para que proveyera a Israel de lo necesario y mejor para la obra?

Sabiamente guardó amistad David con Hiram, el rey de Tiro, para que ahora Salomón accediera a las más nobles maderas y a la exquisita mano de obra Fenicia.

Hoy es día de meditar profundamente en nuestro diario vivir y preguntarnos si hemos sabido aprovechar las oportunidades que Dios nos puso en bandeja hasta la fecha o si, por el contrario, nuestra mirada juiciosa nos ha estado privando de provisiones por desechar al que las abastecía.

Debiéramos intentar un carácter más como el de Cristo, y menos como el de los fariseos, porque nunca sabemos de dónde Dios nos traerá la ayuda ni quién de nuestros enemigos puede acabar constituyéndose hermano a causa del evangelio.

Mientras tanto haremos bien en aplicarnos el siguiente consejo del apóstol Pablo a los Romanos:

"Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal."
Romanos 12:18-21

























sábado, 30 de julio de 2022

GRAN MOVILIZACIÓN, 2 Crónicas 2:1-2

GRAN MOVILIZACIÓN, 2 Crónicas 2:1-2

Determinó, pues, Salomón edificar casa al nombre de Jehová, y casa para su reino. Y designó Salomón setenta mil hombres que llevasen cargas, y ochenta mil hombres que cortasen en los montes, y tres mil quinientos que los vigilasen.
2 Crónicas 2:1-2

En este capítulo el cronista relata todos los preparativos para dar inicio a las obras de edificación del templo y de la casa del rey.

El rey inicia convocando a una gran cantidad de hombres, tanta que supera los ciento cincuenta mil, en tres grupos, cada cual con una función concreta designada, pero todas con el objetivo final de edificar el templo.

Unos, pues, se ocuparían de cargar los materiales, otros tendrían por designio cortarlos en los montes, para que llegasen a la obra listos para su colocación, y mientras tanto, el último grupo y menos numeroso se ocuparía de velar por la seguridad y el orden de los demás.

Sabiamente se hizo esta convocatoria conforme a la sabiduría que Dios le dio, para que la obra se levantase de forma organizada y homogénea sin faltar a ninguno de los detalles proyectados.

Así como Salomón convocó una gran movilización para la edificación del templo y de su casa, la iglesia ha de estar movilizada en pos de su crecimiento y madurez conforme a la voluntad de Dios y al carácter de Cristo, según el Señor ha movilizado a Su iglesia.

"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;"
Efesios 4:11-13

La iglesia funciona como un cuerpo, del cual Cristo es cabeza. En el cuerpo cada miembro cumple su función específica y todos conectados con la cabeza funcionamos en favor el uno del otro, creciendo juntamente de manera que el cuerpo madura de forma homogénea.

"Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo."

"Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros."
1 Corintios 12:12 y Romanos 12:4-5

Todos los creyentes en Cristo Jesús somos miembros los unos de los otros y a su vez, como individuos tenemos cada uno un propósito a cumplir en este mundo, que es la difusión del evangelio, para la salvación de las almas.

Y como dijera Pablo a los Corintios, cada uno de nosotros actuamos como cartas abiertas al mundo, la cual todos leen. Y no son letras de tinta, sino nuestra actitud, nuestras costumbres y nuestras reacciones las que hacen que el lector piense: "esta persona es diferente", para bien a todo aquel que quiere conocer a Cristo.

"Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón."
2 Corintios 3:2-3

Hoy es día de meditar en qué sentido estamos movilizados como iglesia, si para el entretenimiento o la satisfacción personal o para la edificación y crecimiento en el carácter de Cristo.

También es día para examinar la obra evangelística, preguntándonos si nuestra diaria forma de vivir está sirviendo de testimonio de Cristo en nuestra vida delante de los incrédulos o si, por el contrario, nos comportamos como ellos camuflando la luz de Cristo.

"Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud,sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos."
Mateo 5:14-16






















CONDUCTAS ARRIESGADAS, 2 Crónicas 1:14-17

CONDUCTAS ARRIESGADAS, 2 Crónicas 1:14-17

Y juntó Salomón carros y gente de a caballo; y tuvo mil cuatrocientos carros y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros y con el rey en Jerusalén. Y acumuló el rey plata y oro en Jerusalén como piedras, y cedro como cabrahigos de la Sefela en abundancia. Y los mercaderes del rey compraban por contrato caballos y lienzos finos de Egipto para Salomón. Y subían y compraban en Egipto un carro por seiscientas piezas de plata, y un caballo por ciento cincuenta; y así compraban por medio de ellos, para todos los reyes de los heteos, y para los reyes de Siria.
2 Crónicas 1:14-17

Salomón reinó en Israel conforme a la voluntad de Dios. No obstante, Dios inspiró al cronista a recordar al lector que, a lo largo de su vida, el rey había estado practicando unas conductas muy arriesgadas. Tanto así, que acabaron provocando que, en la etapa final de su vida, desviara su corazón a la idolatría.

Así que, en estos últimos versos del primer capítulo del segundo libro de Crónicas, leemos cómo Salomón hizo caso omiso a la prohibición explícita de Dios, en Sus instrucciones de cómo debía conducirse el rey de Israel:

"Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Jehová os ha dicho: No volváis nunca por este camino. Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia."
Deuteronomio 17:16-17

Pudiera ser que, a pesar de la tanta sabiduría y de tamaña inspiración de Dios para escribir Salmos y Libros que formarán parte de las Sagradas Escrituras, descuidara un mandamiento especial, que dictó Dios a Moisés, para con los reyes de Israel:

"Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel."
Deuteronomio 17:18-20

Y es que la palabra de Dios transforma el alma y Su ley endereza los pasos de quien la guarda.

¿Habrá sido capaz, Salomón, de desobedecer deliberadamente y de forma recurrente estos mandamientos tan claramente dirigidos a él y a todos los reyes de Israel?

Es algo que desconocemos, aunque preferible es pensar que este desacato lo ocasionó su descuido con respecto a la lectura y a la reflexión de la ley.

El hecho es que toda conducta que realizó durante los inicios de su reinado le repercutió en el final de este.

A lo largo del Salmo ciento diecinueve observamos la vital importancia de la acción de la palabra de Dios en todo aquel que la considera en su modo de vida y en la práctica de su fe.

Y como el trayecto de la vida de cualquier persona se ve irremediablemente influenciado por cuáles sean sus primeros pasos en la etapa de su juventud, he aquí el consejo para evitar que su camino se tuerza:

"¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra."
Salmos 119:9

En el más extenso de los Salmos todo gira en torno a la vital importancia de la Palabra y a su acción preventiva, sustentadora y protectora en los pasos de quien medita en ella y la guarda.

En nuestra mente limitada pensamos que sólo los que rechazan a Dios son capaces de transgredir Su ley.

Lo cierto es que este desvío se encuentra por defecto en el corazón de todos los seres humanos, incluyendo a los creyentes, por cuanto su naturaleza viene corrompida desde que pecara Adán.

Por la mancha del pecado, el hombre vive apartado de Dios, espiritualmente muerto, y  dando bandazos de acá para allá según su corta y nula visión de la vida.

Pero Dios, en Su gran acto de amor y misericordia, no solamente nos dejó Su palabra transformadora para que anduviésemos en ella, sino que nos la mostró en el súmmun de la revelación de Dios para con el hombre, en la persona del Hijo, el Señor Jesucristo.

Porque el Hijo, siendo Dios y el Verbo de vida de toda la creación, se hizo hombre para darse en sacrificio por el pago de nuestro pecado.

Cumpliendo así con toda justicia a través de Su muerte, sepultura y resurrección al tercer día, Jesús constituye la vida de todo aquel que en Él cree, una nueva vida limpia por el poder y la acción del Espíritu Santo, quien nos dirige a Cristo a través de Su palabra.

El reconocimiento de Jesús como Señor y Salvador personal implica una vida conforme a Su voluntad, en obediencia a Dios y a Su palabra.

"Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió."
Juan 14:23-24

Para guardar la palabra del Señor primero es requisito haberla leído y, si no estudiado, haberla meditado, y aplicarla en la vida personal de cada creyente.

Tenemos, pues, a Cristo como ejemplo y a Su santa y perfecta Palabra que de Él testifica.

Hoy es día de examinar nuestra práctica de vida y si en el proceso nos podemos hallar más cercanos a actuar como Salomón, despreocupándose de las fatales consecuencias que le acarrearán sus conductas arriesgadas, o si por el contrario estamos dejando que la Palabra de Dios penetre en nuestro ser para que, por medio del Espíritu Santo, seamos forjados a un cada vez mayor carácter de Cristo.

Sea este nuestro anhelo, igual que Cristo se deleitaba en la Palabra de Dios, con los siguientes versos:

"Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos. ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos para guardar tus estatutos! Entonces no sería yo avergonzado, cuando atendiese a todos tus mandamientos."
Salmos 119:4-6





















jueves, 28 de julio de 2022

EL PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA, 2 Crónicas 1 :6-12

EL PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA, 2 Crónicas 1:6-13

Subió, pues, Salomón allá ante Jehová, al altar de bronce que estaba en el tabernáculo de reunión, y ofreció sobre él mil holocaustos. Y aquella noche apareció Dios a Salomón y le dijo: Pídeme lo que quieras que yo te dé. Y Salomón dijo a Dios: Tú has tenido con David mi padre gran misericordia, y a mí me has puesto por rey en lugar suyo. Confírmese pues, ahora, oh Jehová Dios, tu palabra dada a David mi padre, porque tú me has puesto por rey sobre un pueblo numeroso como el polvo de la tierra. Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque, quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande? Y dijo Dios a Salomón: por cuanto hubo esto en tu corazón, y no pediste riquezas, bienes o gloria, ni la vida de los que te quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y ciencia para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey, sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que han sido antes de ti, ni tendrán los que vengan después de ti.
2 Crónicas 1:6-12

Con temor de Dios y con todo el peso del trono recién adquirido y de la responsabilidad de la edificación del templo, Salomón convocó a todos los principales de Israel y se presentó con ellos a Gabaón, al tabernáculo de reunión.

Allá, en el altar de bronce, se dice que mil fueron los holocaustos presentados delante de Dios.

Según las diversas figuras literarias, los textos Bíblicos a veces ofrecen un número no exacto por su valor literal, sino al grosso modo de la cuantía.

En este caso podríamos entender que eran literalmente mil holocaustos los ofrecidos sobre el altar, como también hacernos la idea de que la multitud de estos era tal como si de mil se trataran.

Sea como fuere, si literalmente o en sentido figurado, Salomón está mostrando un claro temor reverente delante de Dios, y de ahí la abundancia de sus sacrificios.

En respuesta a este temor reverente, Dios se le presenta esa misma noche en sueños para concederle la petición de su corazón.

Echando mano de la imaginación, podríamos visualizar en ese momento a un Salomón abrumado, por la gran responsabilidad adquirida, como rey sucesor de David, y por el gran compromiso que le ha sido delegado con la edificación del templo.

Además, ya le instó David, su padre, delante de todos, al presentarle el proyecto y la sucesión de su trono:

"Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre. Mira, pues, ahora, que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para el santuario; esfuérzate, y hazla."
1 Crónicas 28:9-10

Salomón tenía la oportunidad de transformar cualquier deseo suyo en realidad, por cuanto Dios se agradó de su gran temor y respeto ante Su presencia.

Pero al recién coronado rey solamente le inquietaba un asunto, y éste era el poder dar la talla conforme a su llamado y propósito como rey sobre Israel y como constructor del templo de Dios.

Reconociendo entonces los favores de Dios para con David, su padre, y para con él mismo, Salomón pide sabiduría y ciencia para poder llevar a cabo su misión.

Y aquí vemos cómo Santiago no hablaba figuradamente el día en que escribió:

"Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada."
Santiago 1:5

Si bien el enfoque de su mensaje estaba centrado en la resolución de las diversas pruebas en que se encontraban los judíos cristianos de la dispersión, Santiago apunta diciendo que Dios da la sabiduría abundantemente y sin reproche a todo aquél que la pide, afirmando que le será dada.

Así es cómo le sucedió a Salomón, que en una muestra de gran temor y reverencia, Dios le concedió no solamente la sabiduría y la ciencia, sino también riquezas, bienes y gloria.

Al pasar del tiempo podemos disfrutar de grandes letras que este sabio varón aportó, inspirado por Dios, a las Sagradas Escrituras, y que nos lleva a ser sabios, oidores del consejo y entendidos de la palabra de Dios.

Este es el tema principal del libro de los Proverbios de Salomón, la sabiduría, a la cual él la define de la siguiente manera:

"El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza."
Proverbios 1:7

Como también lo es en el libro de Eclesiastés, escribiendo así la conclusión del predicador, diciendo:

"El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre."
Eclesiastés 12:13

He aquí también a la sabiduría, por cuanto tiene su principio en el temor de Dios, y encamina al sabio a la rectitud de Sus mandamientos.

La adquisición de la sabiduría de Dios en el hombre está directamente relacionada con el temor que éste tenga de Dios, y el temor de Dios es directamente proporcional a la proximidad entre Dios y el que le teme.

Es por eso que podemos decir que la sabiduría en sí no salva, pero mantiene a salvo a quien dispone de ella.

La sabiduría de Salomón lo mantuvo en los mandamientos de Dios hasta que el rey permitió que, en sus últimos días,su corazón se inclinara en pos de los ídolos de sus tantas concubinas y mujeres, desvío donde no hay sabiduría que lo ampare, de ahí resultará en consecuencia la división de Israel en dos reinos.

Hoy es día de meditar en cuál es la abundancia de nuestro temor y reverencia a Dios como para desear de Su sabiduría, para andar rectamente en Su perfecta  y santa voluntad.

Nos maravillaremos como Pablo, y haremos nuestras sus palabras, para la gloria de Dios.

"¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén."
Romanos 11:33-36




















ACTITUD VICTORIOSA, 2 Crónicas 20:15-17

ACTITUD VICTORIOSA, 2 Crónicas 20:15-17 Y dijo: Oid, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén , y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: N...