sábado, 23 de abril de 2022

EL MAL TESTIMONIO, 1 Crónicas 6:28

EL MAL TESTIMONIO, 1 Crónicas 6:28

Los hijos de Samuel: el primogénito Vasni, y Abías.
1 Crónicas 6:28

Prosiguiendo por la descendencia de Leví a través de Coat llegamos a Samuel y a sus dos hijos, el primogénito Vasni y Abías.

La historia de Samuel supone un ejemplo de consagración, incluso desde antes de su nacimiento.

Pues no pudiendo Ana, su madre, tener hijos, rogó a Dios en una de sus subidas anuales a Silo, para la ofrenda de sacrificios.

Dios la escuchó y le concedió el poder concebir un niño, el cual fue llamado Samuel, que significa "Dios ha escuchado"  y, en gratitud por este regalo de Dios, Ana lo consagró a Él.

Así que, a la corta edad de un niño recién destetado, Samuel fue presentado como discípulo y ayudante del sacerdote Elí, en el Tabernáculo, que en ese entonces se encontraba en Silo.

Por esta muestra de gratitud, Ana fue recompensada con cinco hijos más y Samuel fue grandemente usado por Dios, no sólo en el servicio sacerdotal, sino en todo lo concerniente a la dirección de Israel.

Destacó pues, Samuel, por ser el único varón en sustentar, simultáneamente y de forma eficaz, tres cargos de considerable peso ministerial en Israel, los cuales fueron el de sacerdote, el de profeta y el de juez.

La fidelidad y la dedicación a Dios de Samuel, lo situaron como un gran ejemplo a seguir en Israel, de tal modo que se tiene como varón de gran importancia entre los judíos, después de Moisés y Aarón, e incluso llegándolo a poner a la altura de ellos.

Samuel tuvo dos hijos. El primogénito es llamado Vasni por el cronista, aunque en el primer libro de Samuel figura su nombre como Joel. Luego su segundo hijo, que se llamaba Abías. Ambos eran jueces en Beerseba.

Ellos dos no siguieron los pasos de su padre, sino más bien eran corruptos, que se dejaban sobornar.

Cuando Samuel llegó a anciano y se acercaba el día en que sólo quedaran sus hijos para juzgar a Israel, el pueblo de Dios se negó a que tal cosa aconteciera. Pidieron, en su lugar, que les fuera puesto un rey que les gobernara.

"Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos."
1 Samuel 8:4-7

Vemos cómo influyó el mal testimonio de los hijos de Samuel en el pueblo para que éste no quisiera ser más dirigido por Dios, sino por un rey de carne y hueso, y con sus defectos como cualquier humano.

Les fueron concedidos los reyes, pues, desde Saúl y hasta la deportación a Babilonia.

Luego llegó el Rey prometido, en calidad de siervo, el Señor Jesucristo, quien murió, resucitó y fue ascendido a la diestra del Padre, dando nacimiento a Su iglesia con la morada del Espíritu Santo en todo aquel que creyere y reconociere a Jesús como su Señor y su Salvador personal.

Y Dios ha delegado en la iglesia el ser portadora de la luz de Cristo al mundo. También será la iglesia que juzgará juntamente con el Señor, el día en que Él vuelva para juzgar a vivos y a muertos desde su gran trono blanco.

Esta gran responsabilidad requiere que la iglesia viva una vida en consonancia con la voluntad de Dios y el carácter de Cristo.

Cierto es que, aunque hemos adquirido una nueva identidad en Cristo y una nueva naturaleza que es espiritual, aún mantenemos nuestra naturaleza carnal y humana, durante nuestra estancia en el mundo.

Esta naturaleza carnal, aunque vencida en Cristo, sigue estando ahí, por lo que si el creyente no se fortalece espiritualmente nutriéndose de la Palabra y en comunión con Dios, es posible que mantenga un estilo de vida más propio de los inconversos que de los santos de Dios, y por su mal testimonio haya muchos incrédulos que se nieguen a escuchar una sola palabra del evangelio, por no querer tener nada que ver con éste.

Esto le estaba aconteciendo a los creyentes en Corinto, que su estilo de vida era tal que echaría para atrás a cualquiera.

Pues en su congregación había desde divisiones de pensamientos a graves errores doctrinales a causa de la falta de conocimiento Bíblico, pasando por conductas carnales y relaciones ilícitas entre ellos (y hasta con rameras), y por el desorden y el alboroto que formaban cada vez que se reunían, porque todos querían ser escuchados.

Así que Pablo tuvo que escribirles una muy contundente carta llena de exhortaciones apelando, entre otras cosas, a la unión, a la santidad, a la autoconfrontación, al orden e incluso al conocimiento del fundamento de la fe cristiana el cual reposa en la resurrección del Señor Jesucristo.

Porque, ¿Qué testimonio estarían dando a los incrédulos, si ellos mismos tenían pleitos entre sí y se denunciaban ante las autoridades seculares?¿A quién le iba a quedar ganas de seguir el ejemplo de ellos, los cuales se supone que seguían a Cristo?

Lo ideal es que nuestro testimonio de vida en Cristo sea tal, que nos haga poca falta abrir la boca para demostrar que somos cristianos, sino que nuestra propia forma de vivir delate al mundo que tenemos algo que ellos no tienen, que lo anhelan y, además, lo necesitan.

Pero hay que reconocer que del ideal a la realidad hay un enorme trecho creado por nuestra dejadez y por la ligereza a la hora de la puesta en práctica de nuestra vida de fe.

Y es que el siervo de Dios debe comportarse conforme a su Señor, a quien sirve. Por lo tanto, la iglesia debe reflejar el carácter de Cristo, conforme ha sido puesta por luminaria en el mundo.

Después de ésto, surge este pensamiento:
"Si nuestro testimonio de vida es malo, da igual el don de palabra que tengamos para evangelizar. Porque cuando el mundo se fija en nuestras malas conductas ya no quiere saber nada del evangelio."

Grabémonos hoy estas palabras de Juan, para ponerlas en práctica todos los días.

"El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo."
1 Juan 2:6





















jueves, 21 de abril de 2022

CONSTANTE, FIEL Y JUSTO ES DIOS, 1 Crónicas 6:9-15

CONSTANTE, FIEL Y JUSTO ES DIOS, 1 Crónicas 6:9-15

Ahimaas engendró a Azarías, Azarías engendró a Johanán, y Johanán engendró a Azarías, el que tuvo el sacerdocio en la casa que Salomón edificó en Jerusalén. Azarías engendró a Amarías, Amarías engendró a Ahitob, Ahitob engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Salum, Salum engendró a Hilcías, Hilcías engendró a Azarías, Azarías engendró a Seraías, y Seraías engendró a Josadac, y Josadac fue llevado cautivo cuando Jehová transportó a Judá y a Jerusalén por mano de Nabucodonosor.
1 Crónicas 6:9-15

Después de Ahimaas y hasta la deportación a Babilonia se van sucediendo los nombres de los hijos de Leví por parte de Amran. Registrándolos uno detrás de otro, el cronista se va a parar solamente en dos de ellos para ofrecer una pequeña anotación.

Éstos son Azarías, el hijo de Johanán y Josadac, hijo de Seraías.

De Azarías se comenta que tuvo el sacerdocio en la casa que Salomón edificó en Jerusalén. Y aunque así fuere, conforme lo escribió el cronista, no significa que coincidiera en el tiempo con el reinado de Salomón, sino que su dedicación sacerdotal se dió en el templo levantado por Salomón.

Porque en el tiempo habido entre el rey David y la deportación a Babilonia se conocieron tres levitas descendientes de Amran que se llamaron Azarías.

Y aunque se relaciona el nombre de Azarías, el hijo de Johanán con el de Salomón, por el hecho de su servicio en el templo, el Azarías que podría haber coincidido entre David y Salomón habría sido más bien el hijo de Ahimaas.

Sospechándose que el Azarías del cual comenta el cronista sobre su labor en el templo se tratase del mismo que reprendió al rey Uzías por extralimitarse en sus funciones entremetiéndose en una labor estrictamente sacerdotal.

En cuanto a Josadac, el cronista marca el punto final en los hijos de Amran, mencionando el cautiverio por parte de Nabucodonosor.

Luego, si nos detuviéramos en el significado de los nombres registrados, a partir de Ahimaas y hasta Josadac, podríamos ver como de continuo Dios muestra Su ayuda y misericordia al pueblo. Hablándole, impartiendo justicia, recompensando y dándo de Sí en su favor.

Finalmente con Seraías y Josadac entenderíamos la manifestación de la soberanía de Dios y Su justicia, permitiendo que Judá sea deportado a Babilonia.

Pues, repitiéndose hasta tres veces el registro del nombre de Ahimaas, el cual significa en Hebreo "Yahvé ha ayudado", ya debería bastar para recordar el favor de Dios a todo aquel que conocía el idioma.

Pero aún, en la lectura del pasaje, el cronista plasma nombres cuyos significados vienen a decir a su pueblo:

Yahvé ha ayudado, Yahvé es bueno, Yahvé ha hablado, Mi hermano es bueno, Justo, Recompensa, Yahvé es mi porción, Yahvé gobierna y Yahvé es Justo. Recordando que "Yahvé ha ayudado" aparece tres veces en el nombre de Azarías.

Es innegable el constante favor de Dios para con el hombre, Su misericordia, Su fidelidad y Su justicia.

Lo vemos durante esta lectura, pero aún lo deberíamos ver con más claridad en el día a día de cada uno de nosotros, sobretodo de los que hemos creído en el Señor Jesucristo, pues no solamente tenemos de Él la paciencia de Quien se compadece por Su creación, sino que lo tenemos por Padre, con los cuidados propios del Padre Eterno hacia sus hijos.

Pero igual que el pueblo de Dios, siendo Hebreo y conociendo perfectamente el significado de sus nombres y en su propensión de mantener en memoria las genealogías, no supieron ver ni valorar lo Constante, Fiel y Justo que era Dios para con ellos, es generalizado en los creyentes que no sepamos valorar la magnitud de Su inconmensurable amor y misericordia.

Así que vamos dejando pasar nuestro día a día sobre la tierra, dando bandazos entre lo terrenal y lo supérfluo, desoyendo al Señor y aún reclamándole como si fuera por Él que nuestra situación espiritual es más que fría, un témpano de hielo incapaz de doblar las rodillas o de sustituir nuestro pasatiempo habitual por una buena sesión de lectura Bíblica.

Claro, pero estamos acostumbrados al amor que Dios nos tiene en Cristo, y sabemos que hemos sido redimidos por Su sangre, cosa que nos exime de sufrir la segunda muerte que es para condenación, y gustamos de esperar una vida eterna sin pena ni dolor.

Pero es muy necesario recordar que el Señor nos encomendó una labor exclusiva a la iglesia durante su estancia en el mundo, la cual debemos cumplir, que es la expansión del evangelio de salvación en Cristo al mundo.

Porque si nosotros amamos al Señor, puesto que somos de Cristo, debemos recordar lo que Él dijo a sus discípulos, que sirve para nosotros, también:

"Si me amáis, guardad mis mandamientos."
Juan 14:15

No se trata de que ahora nos inmiscuyamos en el cumplimiento de leyes y mandamientos Veterotestamentarios, como si no tuviéramos a Cristo, sino que obedezcamos a la voluntad de Dios y al propio carácter de Cristo, para fruto de salvación a muchos, por medio de nuestro testimonio en Él.

Porque Dios es amor, y Sus misericordias son nuevas cada mañana. Pero Dios también es Juez justo y verdadero, no sólo para los inconversos, sino primeramente para los suyos, por cuanto, antes que el mundo sea juzgado, la iglesia debe pasar por el tribunal de Cristo. Tribunal que servirá para recompensa a todos y cada uno de los creyentes, conforme a nuestras obras, disposición y obediencia.

"Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo."
2 Corintios 5:10

Y si hoy es un día de estos en los que piensas que Dios no te escucha y te ha dejado "a tu suerte", hoy es día de recordar lo constante, fiel y justo que es nuestro Padre celestial.

"Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo."
2 Timoteo 2:11-13























EL MENSAJERO DE LA VERDAD A MEDIAS, 1 Crónicas 6:8

EL MENSAJERO DE LA VERDAD A MEDIAS, 1 Crónicas 6:8.

Ahitob engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Ahimaas,
1 Crónicas 6:8

Sadoc era el sumo sacerdote que servía en el tabernáculo en tiempo en que el rey David estaba a punto de sufrir un golpe de estado perpetrado por su hijo Absalón.

Él y Ahimaas, su hijo, le sirvieron también al rey como informantes sobre todo este asunto, mientras el rey, junto con el pueblo, huyeron para evitar ser muertos por Absalón y los suyos.

Sadoc, pues, se quedó en la ciudad. No porque él quisiera, ya que de buena gana cargó el arca del pacto por el torrente de Cedrón, camino al desierto. Pero el rey David le hizo volver con el arca y con su hijo a fin de que les pudiera ser útiles para averiguar cómo iba desarrollándose el plan de Absalón, una vez se hiciera con palacio.

Ahimaas sería el mensajero encargado de trasladar el qué de los sucesos de relevancia al rey, desde lo lejos.

Y así lo fue en dos ocasiones, aunque en la última con su mensaje dió una verdad a medias.

Pues pudiéndose confiar el rey David de lo que le comunicara Ahimaas, ya que le informó eficazmente sobre los consejos de Husai y de Ahitofel a su hijo Absalón, no tuvo el mismo valor, en la siguiente ocasión, de anunciarle al completo todo lo acontecido.

Pues los hombres del rey triunfaron contra los de Absalón, muriendo también éste por la acción oportunista de Joab y sus escuderos, ya que Absalón había sufrido un aparatoso accidente que lo dejó atrapado de su cabeza a un árbol.

Joab mandó a un etíope a que diera la noticia a David, en cuanto a su victoria y a la muerte de su hijo. Pero Ahimaas no quería desaprovechar la oportunidad de ser conocido por el rey como mensajero de la buena nueva, pensando en la victoria, así que se apresuró para llegar antes que el etíope.

Algunos comentan que Ahimaas salió sin tener la información completa, pero las Escrituras indican que, antes de marchar hacia el rey, Joab ya le había puesto al día:

"Entonces Ahimaas hijo de Sadoc dijo: ¿Correré ahora, y daré al rey las nuevas de que Jehová ha defendido su causa de la mano de sus enemigos? Respondió Joab: Hoy no llevarás las nuevas; las llevarás otro día; no darás hoy la nueva, porque el hijo del rey ha muerto."
2 Samuel 18:19-20

Por lo que vemos que Ahimaas estaba tan al tanto de la victoria del rey sobre los hombres de Absalón, como de la muerte de éste.

Sabido esto, Ahimaas atajó y, llegando antes, tuvo la oportunidad de informar lo que el rey le requería. Y esto es lo que le dijo:

"Entonces Ahimaas dijo en alta voz al rey: Paz. Y se inclinó a tierra delante del rey, y dijo: Bendito sea Jehová Dios tuyo, que ha entregado a los hombres que habían levantado sus manos contra mi señor el rey. Y el rey dijo: ¿El joven Absalón está bien? Y Ahimaas respondió: Vi yo un gran alboroto cuando envió Joab al siervo del rey y a mí tu siervo; mas no sé qué era."
2 Samuel 18:28-29

Acabó dándole una verdad a medias, dejando a David en las mismas ascuas con las que estaba antes de recibir la noticia. ¿Cómo estaría su hijo? Puesto que él dió orden explícita que nadie de sus hombres tocara a Absalón, lo mínimo que esperaba es tener alguna noticia de él.

Quizá a Ahimaas le entrara algún repentino temor al llegar ante el rey, pensando en que no quisiera aceptar el reporte. Decidió, entonces, que sería mejor nombrarle nada más la celebración de su victoria, esperando que más adelante ya tendría ocasión de ir preparándolo para la mala noticia sobre la muerte de su hijo.

No se quedó conforme y como por detrás llegaba el etíope, le volvió a preguntar lo mismo. La respuesta le cayó como agua fría aunque el informante supo comunicárselo de la mejor manera posible, y la tuvo que aceptar:

"Luego vino el etíope, y dijo: Reciba nuevas mi señor el rey, que hoy Jehová ha defendido tu causa de la mano de todos los que se habían levantado contra ti. El rey entonces dijo al etíope: ¿El joven Absalón está bien? Y el etíope respondió: Como aquel joven sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levanten contra ti para mal."
2 Samuel 18:31-32

Cierto que era una noticia muy dolorosa para David, porque aunque Absalón fue el que se levantó contra el rey para hacerse con su trono, no dejaba de ser su hijo, y por amor no quería que nada malo le sucediese.

Lo cierto es que aunque Joab desobedeció al rey en cuanto a la orden de no tocar a Absalón, esto es lo que propició el fin del problema, pues conocida su muerte, se dió por finiquitada la guerra y todos sus hombres huyeron por donde vinieron.

Era una verdad dolorosa que había que aceptar, pues era algo casi inevitable que sucediera, dadas las circunstancias y el trono que estaba en juego, ya que Absalón no hubiera dudado en dar muerte a su padre para levantarse por rey.

No vamos a culpar mucho a Ahimaas por haber pasado a la historia como el mensajero de la verdad a medias, o como el que quiso lucirse delante del rey pero fue echado a un lado por un etíope.

Cuando recibimos el Espíritu Santo en nuestra vida, por haber creído y reconocido a Jesús como Señor y Salvador nuestro, con corazón contrito y humillado, el gozo y la paz del Señor inunda de tal manera nuestro ser, que pronto deseamos salir corriendo por todas partes para anunciar las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús.

Lo que sucede, yo diría que a todo creyente, es que el ansia por apremiarnos en la obra evangelística nos lleva a buscar atajos, lo que hace que, cuando nos encontramos delante del mundo, de repente aquella fantástica escena ideal que teníamos en mente se disipa y, a causa de nuestra falta de preparación en la Palabra y en oración, las dudas empiezan a agolparse, diciendo: "se va a asustar si le hablas de pecado y no te va a querer escuchar", o " se va a reír si le nombras el infierno y te va a tomar por loco".

Por consiguiente, la conclusión más razonable (humanamente hablando) suele ser la de mostrar primeramente las bondades y los beneficios de la gracia de Dios y de la nueva identidad en Él, con Su incomensurable amor y misericordia, dejando para más adelante el nombrarle la parte amarga, la cual es la necesidad de arrepentirse de los pecados que mantienen a la humanidad condenada al infierno, con la justicia de Dios y Su perfecta santidad.

Pero un mensaje evangelístico basado en medias verdades causa la misma reacción en el hombre, o peor, que si no se le hubiera dicho nada.

Ya que una verdad a medias puede acabar completándose con cualquier cosa, preparémonos, pues, eficazmente en la Palabra y en oración, antes de salir corriendo por el atajo de la improvisación.

Va siendo el día de ir practicando el cambiar la frase "Dios te ama y te acepta tal como eres", por aquella que escribió Pablo:

"Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero."
1 Timoteo 1:15


























martes, 19 de abril de 2022

EL BUEN LEGADO, 1 Crónicas 6:4

EL BUEN LEGADO, 1 Crónicas 6:4

Eleazar engendró a Finees, Finees engendró a Abisúa,
1 Crónicas 6:4

Eleazar era el tercero de los cuatro hijos que tuvo Aarón. Los dos primeros eran Nadab y Abiú, quienes fueron consumidos por el fuego del juicio de Dios, por haber ofrecido fuego extraño en el tabernáculo.

Los dos mayores no quisieron atender a la solemnidad, la obediencia y la santidad que se requerían para llevar a cabo su recién estrenada labor sacerdotal.

Pero Eleazar sí tomó el testigo y demostró haberse estado preparando muy bien para suplir el sumo sacerdocio en sucesión de Aarón, su padre.

Y de igual manera que Aarón instruyó a Eleazar, así hizo Eleazar con Finees, su hijo, quien también dedicó esfuerzo, celo y dedicación, como sus predecesores.

De Eleazar y de Finees, su hijo, podemos leer el buen legado en el sacerdocio que recibieron de Aarón, el primer sumo sacerdote, por nombramiento Divino, y del cual supieron dar continuidad en buena talla de integridad, celo y dedicación a Dios.
De Abisúa, en cambio,no se registra más que su nombre, en constancia de su participación en la sucesión sacerdotal.

Se nota, pues, el buen trabajo que hicieron Aarón y Eleazar en la instrucción y la formación de sus hijos, por el buen legado en la obra de Dios.

Y aunque estos casos destacan durante la lectura Bíblica, por su notoriedad, como excepción ante la tendencia al desvío del pueblo de Dios en su desobediencia, no debiera de haber destacado, por cuanto ésta debía de haber sido la disposición general de todos en Israel, como indica el mandamiento:

"Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas."
Deuteronomio 6:4-9

Porque la integridad de la persona empieza por sus pensamientos. De manera que existe una relación directamente proporcional entre la calidad devocional para con Dios y la santificación de la persona.

Pero la santificación es una acción personal e intransferible. Porque aunque los hijos son santificados por los padres, mientras estos son pequeños, conforme crecen va viéndose necesaria en su formación una base sólida constituída en la Palabra de Dios y reforzada con el ejemplo práctico de sus progenitores, de quienes heredarán el legado del buen hacer, apropiándoselo, para delegarlo después a sus hijos.

Y así se lanza el proverbio emblema de todo padre y madre cristianos, el cual dice:

"Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él."
Proverbios 22:6

Es de obligado cumplimiento la labor instructiva en la Palabra de Dios en los hogares cristianos, de padres a hijos, y no sólo en la teoría de la lectura Bíblica, sino también en la práctica de la fe durante el diario vivir.

Tomando el ejemplo del buen legado que dejó Aarón en Eleazar y en Finees, busquemos que ya sea que miremos a nuestros hijos biológicos o espirituales, podamos regocijarnos tal como hizo Juan:

"No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad."
3 Juan 1:4





















lunes, 18 de abril de 2022

CONSAGRACIÓN Y EJEMPLO DE SANTIDAD, 1 Cronicas 6:1-3

CONSAGRACIÓN Y EJEMPLO DE SANTIDAD, 1 Crónicas 6:1-3

Los hijos de Leví: Gersón, Coat y Merari. Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. Los hijos de Amram: Aarón, Moisés y María. Los hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar.
1 Crónicas 6:1-3

Después de haber leído sobre los hijos de Rubén, Gad y Manasés, proseguimos por el registro de los hijos de Leví.

Leví era el tercer hijo varón de los doce nacidos a Jacob, el cual es Israel. Aunque en los anales de la historia Judá, a pesar de ser menor, constará como el mayor entre todos los hermanos.

Pues Leví no solamente perdió el derecho a la primogenitura, sino que por su atroz acto cometido contra Siquem, juntamente con Simeón, tomándose la justicia por su mano, dejó también de ser ejemplo como para sustentar el peso de hermano mayor.

No obstante la gracia de Dios bendijo a esta tribu en tiempos de la esclavitud, permitiendo que dos Levitas marcaran el sentido de la dirección y de la santificación del pueblo de Dios, para siempre, en Israel.

Nos referimos a Moisés y Aarón, el uno escogido por Dios para apacentar al pueblo en el desierto y el otro puesto por sumo sacerdote él y su descendencia, por su arrepentimiento y lealtad expresados tras el fatídico momento en que el pueblo mandó hacerse un becerro de oro y adorarlo como su dios.

Y aunque los hijos directos de Aarón tenían por derecho el oficio del sumo sacerdocio, porque así lo estableció Dios, eso no les daba carta blanca ante el cumplimiento de las instrucciones, sino una mayor responsabilidad, por cuanto venían a ser de mediación y ejemplo al pueblo de Dios.

Y para ejemplo de obediencia y santificación sirvieron Nadab y Abiú, hijos de Aarón, y no precisamente por su buena conducta.

Pues, durante el servicio inaugural del Tabernáculo y llevados por la emoción del momento, no tuvieron para nada en cuenta el modo y la forma en que podían acceder a él y presentar ofrendas.

Entraron pues, irreverentemente y quemaron inciensos no permitidos para ofrecerlos a Dios. Por consiguiente, el juicio de Dios cayó sobre ellos.

"Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová."
Levítico 10:1-2

Suceso que sirvió para que, desde el momento en adelante, a nadie más se le ocurriera tomarse el sacerdocio a la ligera ni  profanar el santo lugar con ofrendas inmundas.

Y una ofrenda inmunda no es que fuera un ofrecimiento necesariamente sucio o indigno a ojos de los hombres, ni siquiera a ojos de los mismos sacerdotes, sino toda aquella ofrenda dada extralimitando la ley o con un corazón disconforme a la solemnidad de la acción.

Y tan importante era la sintonía entre el corazón y la acción de quien presentaba ofrenda a Dios en el templo, que el Señor Jesucristo hizo especial inciso en ello:

"Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda."
Mateo 5:23-24

Como dice el autor de la carta a los Hebreos, el Señor es el mismo ayer, y hoy y por los siglos.

Bajo esta premisa podemos ver cómo se asemeja la tribu de Leví a cualquier miembro de la iglesia de Jesucristo, que por la fe, como Aarón, hemos sido hechos receptores de la gracia de Dios en Cristo Jesús, y puestos en el mundo por real sacerdocio, por testimonio de consagración a Él y por ejemplo de santidad.

Asimismo lo puntualizó, también, el Señor Jesucristo durante la presentación del reino dada en lo que conocemos como el Sermón del Monte, donde con el anuncio adjuntaba toda la serie de aclaraciones con respecto al correcto uso de los mandamientos y a la necesidad de que cada quien que deseara ser parte del reino debía mostrar una mayor justicia que los representantes, eruditos e intérpretes de la ley.

"Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos."
Mateo 5:20

Y es que mayor que la ley es la gracia, no debemos conformarnos con cumplir con una apariencia de piedad sino que nuestra vida ha de ir, conforme a la gracia que nos ha sido dada en Cristo Jesús, hacia la perfección de la estatura de Cristo.

Porque la salvación no se obtiene por la ley sino por medio de la fe. Pero esta salvación que es por fe no se obtiene con decir "yo creo, pero a mi manera", porque de esta manera no conseguimos parecernos a Cristo, sino más bien acabamos siendo como Nadab y Abiú, ofreciendo fuego extraño.

Hoy es día de ofrecer el mejor sacrificio de alabanza a nuestro Padre celestial, que es nuestro testimonio de consagración y de santidad en Cristo, con corazón sincero.

"Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios."
Hebreos 13:15-16

















domingo, 17 de abril de 2022

DESALOJO Y NUEVA MORADA, 1 Crónicas 5:21-22

DESALOJO Y NUEVA MORADA, 1 Crónicas 5:21-22

Y tomaron sus ganados, cincuenta mil camellos, doscientas cincuenta mil ovejas y dos mil asnos; y cien mil personas. Y cayeron muchos muertos, porque la guerra era de Dios; y habitaron en sus lugares hasta el cautiverio.
1 Crónicas 5:21-22

Continuando la lectura sobre las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés, el cronista aprovecha para dar la gloria a Dios por el desalojo de las tierras de Galaad y la toma en posesión de las tres tribus.

Porque Dios dispuso de antemano estas tierras para ellos y, por Su voluntad, fueron tomadas.

Desalojado el territorio, el lugar fue inmediatamente ocupado por las mujeres, niños y ancianos Rubenitas, Gaditas y de Manasés, junto con todo su ganado, mientras que los varones apoyaban en la conquista del resto que quedaba por poseer, al otro lado del Jordán.

Hasta el cautiverio, indica el cronista, es que habitaron estas tierras.

La disolución del reino del Norte y su cautiverio se dió poco más de un siglo antes de la primera deportación que sufrió el reino del Sur, el cual es Judá.

Pero aunque ambos reinos fueron derrotados en manos enemigas y deportados sus habitantes, el reino de Judá no sufre una desaparición total sino que, setenta años después del exilio, el remanente volverá a reconstruir la ciudad y el templo.

Sin embargo el reino del Norte, aunque gustó del favor de Dios en la conquista de sus tierras en tiempos de Josué, cuando aún no tenían rey, desde que se consolidaron como reino, encabezado por Jeroboam y hasta que acabaron cautivos por los Asirios, no dejaron nunca de hacer el mal y provocar de continuo la ira de Dios.

Debemos dar gracias a Dios por Su misericordia porque a pesar de este desplante, ha mantenido, de entre ellos, un remanente fiel, que lo sustentará hasta el final de los tiempos.

En el principio de los tiempos Dios creó la tierra y todo lo que en ella habita, poniendo por colofón al hombre, a Su imagen y semejanza. Lo llamó Adán y vivía en la plenitud de un huerto especialmente diseñado para él, con todas sus necesidades cubiertas y en total comunión con Dios.

No tenía restricción alguna, excepto el único mandamiento de no tomar del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Pero aún con esas, Adán no tuvo reparos en desobedecer, comiendo del fruto cuando Eva fue llevada a tentación y engañada por la serpiente.

Desde aquel momento en que cayó Adán su naturaleza se contaminó de pecado y muerte y con él, toda la humanidad.

No pudiendo hacer nada el hombre para salvarse a sí mismo, puesto que todos heredamos esta naturaleza caída, Dios llevó a cabo Su perfecto plan de salvación, el cual fue trazado desde antes de la fundación del mundo, entregando a Su Único y perfecto Hijo en rescate por nuestras almas.

Nació Jesús, Dios Hijo hecho hombre y, entregándose a muerte, resucitó al tercer día, abriéndonos el acceso al perdón y a la vida eterna, en reconciliación con Dios en Cristo.

Desde entonces, toda persona que cree en Jesús y lo reconoce como Señor y Salvador personal, es limpiado del pecado y es hecho una nueva criatura en Cristo, viniendo a habitar en él el Espíritu Santo.

Es por eso que se dice que Cristo rompe las cadenas y nos da Su libertad.

Mientras el Señor Jesucristo anduvo en este mundo predicando el evangelio del reino a Su pueblo, se hizo habitual que se le presentaran personas poseídas por demonios o espíritus inmundos, a los cuales sanaba expulsando de su interior el mal que les dominaba.

Aún así la posesión maligna estaba sujeta a la disposición que tuviera el liberado de continuar pecando en aquello que lo mantuvo atado.

En este sentido vendría el Señor a explicar lo siguiente:

"Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. Y cuando llega, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero."
Lucas 11:24-26

Lo mismo en cuanto a las enfermedades, en lo que podemos ver que le dijo Jesús al hombre del estanque de Betesda:

"Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor."
Juan 5:14

Pero cuando ya el Señor consumó Su obra salvífica en la cruz del Calvario, validando el nuevo pacto de Dios para con los hombres y con el nacimiento de la iglesia, la acción liberadora en Cristo adquirió un efecto permanente, por cuanto tras la liberación viene a morar en cada cual que recibe a Cristo, el Espíritu Santo dentro de él.

Y siendo que el Espíritu Santo es Dios, no hay tinieblas que puedan ocupar Su espacio, es imposible que el nacido de nuevo en Cristo pueda volver a ser poseído por aquello de que Cristo lo liberó, dándole una nueva vida en Él.

Cierto es que los creyentes continuamos cayendo en diversos pecados, no por la voluntad de querer vivir de forma pecaminosa, sino porque nuestro cuerpo de carne sigue sujeto a la ley del pecado.

Pero es imperiosamente necesario ejercitar nuestra nueva identidad espiritual en Cristo Jesús, la cual si sometemos la voluntad de nuestra carne a la del Espíritu, será cada vez menor la posibilidad de caer en las tentaciones, por cuanto iremos adquiriendo, en nosotros,cada vez un más marcado carácter de Cristo.

Para nuestra tranquilidad, para los que creemos en Cristo, sabemos que somos como las tierras de Canaán, desalojadas de lo antiguo y puestas por heredad eterna a Israel. E igualmente como Dios dio las tierras de Galaad para ser habitadas por Su pueblo, nosotros hemos sido dados a Cristo para ser habitados por el Espíritu Santo.

No puede venir nada ni nadie a poseer lo que es de Dios.

Hoy es día de recordar y agradecer a Dios que, habiendo obtenido la libertad en Cristo en Su perfecto sacrificio, no hay más espíritu inmundo de que se nos tenga que liberar.

"Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado."
Hebreos 9:24-26


























































































































































































































































sábado, 16 de abril de 2022

UNIDAD, ORACIÓN Y FE, 1 Crónicas 5:18-20

UNIDAD, ORACIÓN Y FE, 1 Crónicas 5:18-20

Los hijos de Rubén y de Gad, y la media tribu de Manasés, hombres valientes, hombres que traían escudo y espada, que entesaban arco, y diestros en la guerra, eran cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta que salían a batalla. Estos tuvieron guerra contra los agarenos, y Jetur, Nafis y Nodab. Y fueron ayudados contra ellos, y los agarenos y todos los que con ellos estaban se rindieron en sus manos; porque clamaron a Dios en la guerra, y les fue favorable, porque esperaron en él.
1 Crónicas 5:18-20

Por el bien común Rubén, Gad y la media tribu de Manasés son contados en unidad.

Porque éstos, a diferencia del resto de Israel, se hicieron con las tierras al oriente del Jordán, porque eran aptas para el mantenimiento de sus ganados.

No es que por ello se fueran a zafar de apoyar al resto de las tribus en la posesión de su heredad al otro lado del Jordán, ya que para la concesión de las tierras de Galaad a éstos tres, Moisés no permitió que los varones las disfrutaran hasta que se diera el reparto a la totalidad de Israel.

"Y os mandé entonces, diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado esta tierra por heredad; pero iréis armados todos los valientes delante de vuestros hermanos los hijos de Israel. Solamente vuestras mujeres, vuestros hijos y vuestros ganados (yo sé que tenéis mucho ganado), quedarán en las ciudades que os he dado, hasta que Jehová dé reposo a vuestros hermanos, así como a vosotros, y hereden ellos también la tierra que Jehová vuestro Dios les da al otro lado del Jordán; entonces os volveréis cada uno a la heredad que yo os he dado."
Deuteronomio 3:18-20

Las tierras de Galaad eran suculentas en cuanto a los abundantes pastos, que aseguraban la provisión de las tres tribus interesadas. Pero también eran unas tierras muy peligrosas, ya que lindaban con los pueblos paganos.

Este aspecto no les preocupó mucho, pues los Rubenitas, los Gaditas y los de Manasés presumían, además de ser buenos ganaderos, de ser también valientes guerreros.

Y en la ocasión descrita por el cronista se vieron atacados por tres pueblos colindantes con Manasés, desde el norte, apoyados por los Agarenos.

Se presume que los Agarenos eran los descendientes de Agar, por lo que serían los Ismaelitas, principales enemigos de Israel.

Y aunque ellos eran valerosos y estaban unidos y preparados para la guerra, clamaron a Dios para la oportuna ayuda, y esperaron su instrucción con fe en que la victoria les sería dada.

A resaltar, pues, entre estas tribus, la unidad, la oración y la fe en Dios, que supusieron las claves de su victoria.

Y en unidad, mismamente, se dió el inicio del nacimiento de la iglesia, después de la resurección de Cristo y de su ascensión a la diestra del Padre tras haber pasado cuarenta días compartiendo con sus discípulos y capacitándolos para su nuevo menester. Pues el Señor les ordenó que no salieran de la ciudad, sino que esperaran en el aposento alto hasta que hubieran recibido el Espíritu Santo.

"Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos."
Hechos 1:14

Durante esta perseverancia en oración es cuando, a los diez días de la ascensión del Señor, justamente durante la celebración del día de Pentecostés, descendió sobre ellos el Espíritu Santo, dando a luz a la iglesia de Cristo.

Una iglesia contada por unidad según su bien común, que es Cristo y en Él, su armadura. Porque como dijo el apóstol Pablo, no tenemos lucha contra sangre y carne, sino que es espiritual.

Y, colindando nuestra nueva vida, eterna,en Cristo, con nuestra vieja naturaleza, la cual subsiste hasta que el cuerpo corruptible acabe colapsando en su muerte, es necesario que estemos listos para la batalla, tal como los tres de las tierras de Galaad, para afrontar exitosamente la defensa de nuestra posición en victoria por Cristo Jesús.

"Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo."

"Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes."

"orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;"
Efesios 6:11, 13 y 18

Conforme medito sobre lo extraído a través del pasaje, me pregunto cuán importante es para mí mantener la unidad del Espíritu para con mis hermanos, cómo y hasta qué punto preparo mi alma para mantenerme firme tras la batalla y cuánto me cuesta esperar la voluntad del Padre antes de moverme por mis propios medios.

De lo que no debo dudar es de que el favor de Dios está sobre todo aquel que clama Su nombre, y en Él espera. Pero claro, siempre y cuando lo haga con fe.

"Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor."
Santiago 1:6-7





















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ACTITUD VICTORIOSA, 2 Crónicas 20:15-17 Y dijo: Oid, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén , y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: N...