sábado, 25 de febrero de 2023

LA ACTITUD REPROBABLE, 2 Crónicas 19:1-3

LA ACTITUD REPROBABLE, 2 Crónicas 19:1-3

Josafat rey de Judá volvió en paz a su casa en Jerusalén. Y le salió al encuentro el vidente Jehú hijo de Hanani, y dijo al rey Josafat: ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra ti por esto. Pero se han hallado en ti buenas cosas, por cuanto has quitado de la tierra las imágenes de Asera, y has dispuesto tu corazón para buscar a Dios.
2 Crónicas 19:1-3

Volvemos a centrarnos en Josafat después de que el cronista abriera un paréntesis en su vida en el que Acab tomara protagonismo. 

Después de la muerte del rey de Israel, contra Ramot de Galaad, Josafat vuelve a su casa sano y salvo por la mano de Dios, a quien tuvo que clamar cuando se encontraba a punto de morir en manos enemigas. 

Entonces, el profeta Jehú aparece en escena, no para darle la bienvenida entre el vítore y el halago, sino para darle una muy directa palabra de reprensión de parte de Dios. 

Y es que Josafat debía estarle muy agradecido, ya que bien pudiera Dios haber permitido que él también muriera en batalla, por haberse aliado con Acab, el que junto con su mujer, la fenicia Jezabel, rechazaba las cosas de Dios en su reino. 

Pero Dios oyó el clamor de su angustia, lo salvó y permitió que volviese a su casa sin daños. 

Y esto es lo que vino a recalcarse por medio de Jehú, que ante tan aborrecible acto de deslealtad, Dios podría tranquilamente haber cerrado el oído a su clamor, haciéndole preso de las palabras que le dijo a Acab cuando éste le pidió apoyo para ir a la guerra. 

"Y dijo Acab rey de Israel a Josafat rey de Judá: ¿Quieres venir conmigo contra Ramot de Galaad? Y él respondió: Yo soy como tú; y mi pueblo como tu pueblo; iremos contigo a la guerra."
2 Crónicas 18:3

Habiendo sido reconocido en un principio como un rey que se había fortalecido contra Israel, ahora venía a ser su pariente y copartícipe de sus cosas. 

Como la de Acab, pues, fuera su suerte. Pero Dios es misericordioso y amplio en perdonar a todos los que claman a Él, cosa que Josafat hizo ipso facto, en medio del peligro. 

Cuando somos hechos nuevas criaturas en Cristo, con el nuevo nacimiento, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros dándonos una nueva vida, limpiando nuestras conciencias e insuflando una nueva voluntad en nuestro ser, la voluntad de Dios.

Aún así, y mientras andamos en este cuerpo y en este mundo, continuamos manteniendo nuestra propia voluntad, esta es la de la carne, con la que hay que lidiar a diario para someterla a la del Espíritu, para que cada vez sea más notable en nosotros el carácter de Cristo.

El celo de Dios es tan fuerte cuando el Espíritu nos transforma de muerte a vida, porque su propia llenura nos muestra qué está bien y qué no a ojos del Padre. Pero conforme pasa el tiempo, nuestra antigua naturaleza va buscando hacerse el hueco. 

Lo que antes rechazábamos como malo, como en el caso de Josafat en sus inicios, luego lo vamos viendo menos malo y hasta aceptable en nuestras vidas, emparentando con ello como algo asumible y acorde a nuestra identidad. 

Y son aquellas cosas que en su día rechazamos y aceptamos después, las que nos llevan a los problemas, aquellos en los cuales clamamos a Dios por Su ayuda, y de los que el Señor nos rescata. 

Dios es paciente para con nosotros, mientras que nuestro error por excelencia suele ser el confundir Su paciencia con Su complacencia.  

La complacencia de Dios es para con todo lo sujeto a Su voluntad, mientras que Su paciencia es para con nosotros a pesar de no estar andando en ella. 

Y aunque el Señor nos libra de todo mal, trayéndonos de nuevo a Él, tal como Josafat volvió a su casa sano y salvo, no se agrada en nada de aquella actitud reprobable que nos llevó a clamar a Dios.

Podríamos aplicarnos las palabras de Jehú, cuando nos codeamos con el pecado, aunque también podríamos recordar estas palabras de Jesús: "Ni yo te condeno, vete y no peques más." 

Cuando el Señor dijo esto, una adúltera arrepentida esperaba a ser apedreada por muchos. Jesús tocó las conciencias de aquellos hombres que esperaban ver caer la primera piedra sobre ella, de modo que todos acabaron marchándose sin hacer nada. 

Al verse librada de la muerte inminente, Jesús le advierte con el "no peques más", reprobando tajantemente el acto que la hizo encontrarse en esa situación tan peligrosa y vergonzosa. 

Nótese que primero dijo "ni yo te condeno", ya que de Jesús viene el perdón. Pero no debemos olvidar que el mismo Redentor es también Juez para los que no le creen, y tampoco deja de serlo para con Sus hijos, aunque sobre estos pesa la justificación en Cristo. 

Justificados en Cristo y por ende, libres de condenación, no debemos tomar esta libertad como una puerta al libertinaje, que pone en duda nuestra identidad cristiana, sino como la ocasión de escoger lo bueno, cosa que en nuestra pasada vida no podíamos hacer por el pecado que nos ataba. 

Aunque en algún momento pudiéramos llegar a pensar que los santos no pecan, este pensamiento nos llevaría a ensoberbecer pisando por encima de la propia palabra de Dios, que nos insta constantemente a la santidad y a aborrecer lo malo. 

¿Y qué peor pecado que la soberbia? No serán pocas las veces en que, creyéndonos fuertes en el Señor, ha sido tal nuestro tropiezo que caímos hasta el fondo. 

Josafat se sintió fuerte contra Israel y aún así acabó aliándose con éste, arrastrando con su decisión a sus tropas e incluso a su hijo, por su matrimonio pactado con la hija de Acab. 

Nuestra sensación de firmeza en Cristo nos debilita en el sentido en que dejamos de sentir la necesidad de acudir a Dios, en busca de Su voluntad en cada paso que damos. 

Sobre esto tenemos advertencia, la cual dice en la Palabra:

"Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga."
1 Corintios 10:12

Tomando el consejo y recordando también a Pablo, con su "miserable de mí", tocante a la ley del pecado que mora en su carne, sirvamos a Dios con la mente, sometiendo los pensamientos a los pies de Cristo, lugar en el que nuestro corazón podrá mantenerse humilde y así libre de caer en actitud reprobable.

Hoy toca buscar a Dios y presentarnos delante de Él con gratitud, por Su inconmensurable amor y misericordia. Que el Señor nos guarde de tropezar y de arrastrar con ello a otros. 

Y si por si acaso hemos caído y no podemos levantar, no dejemos de clamar a Dios y Él nos encaminará de nuevo en Cristo. 

"Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia. Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar; ten misericordia de mí, y oye mi oración."
Salmos 4:1
































viernes, 17 de febrero de 2023

SIN LUGAR A BURLA, 2 Cronicas 18:31-34

SIN LUGAR A BURLA, 2 Crónicas 18:31-34

Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Este es el rey de Israel. Y lo rodearon para pelear; mas Josafat clamó, y Jehová lo ayudó, y los apartó Dios de él; Pues viendo los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, desistieron de acosarle. Mas disparando uno el arco a la ventura, hirió al rey de Israel entre las junturas y el coselete. Él entonces dijo al cochero: Vuelve las riendas, y sácame del campo, porque estoy mal herido. Y arreció la batalla aquel día, por lo que estuvo el rey de Israel en pie en el carro enfrente de los sirios hasta la tarde; y murió al ponerse el sol.
2 Crónicas 18:31-34

Continuamos reflexionando en el capítulo dieciocho del segundo libro de Crónicas, donde se encuentran Acab y Josafat recibiendo la palabra de Dios por medio del profeta Micaías, tocante a si salir o no en guerra contra Ramot de Galaad. 

El profeta de Dios claramente advierte que la batalla dará como resultado la muerte del rey de Israel. A lo que Acab, muy airado contra el vidente, lo echa a la cárcel a pan y agua hasta que el rey vuelva de la guerra. 

Una vez dispuestos a batallar, a pesar de la advertencia divina, Acab convino con Josafat que él se disfrazaría como cualquiera de sus soldados, entrando en batalla entre ellos, mientras que el rey de Judá mantenía su atuendo real. 

Así esperaba Acab burlar la palabra de Dios dada por el profeta, intentando salir airoso mientras dejaba a su futuro consuegro en una situación peligrosa, ya que el enemigo lo confundiría fácilmente con él, dándole muerte. 

Sin embargo, redacta el cronista que una flecha al azar truncó sus planes, hiriéndolo de tal manera y en tales circunstancias que no pudo hacer más que dejarse morir, cumpliéndose así lo decretado por Dios. 

La voluntad de Dios es contundente, no así como la voluntad del hombre, que es más bien circunstancial, de modo que hoy puede decidir hacer ésto y mañana desdecirse y hacer aquello, según le conviene en el momento. 

A lo largo de toda la historia, la humanidad va dando bandazos en sus decisiones, todas ellas encaminadas a su propio interés. 

A pesar de esto, el decreto de Dios con respecto a Su creación es inamovible y hace cumplir Su voluntad para con toda ella, al márgen de cualquier esfuerzo humano o sobrehumano de frustrar Su designio. 

Hoy leímos sobre el fin de Acab, quien pasó a la historia como el peor rey habido sobre Israel, que no supo gobernar a derechas, conforme a la voluntad de Dios, sino más bien llegó a ser un títere en manos de su mujer pagana Jezabel y su afán por destruir todo lo divino, imponiendo sus ídolos con sus artes seductoras. 

Cabe decir que ella también acabó mal, aunque la crónica se centra en el rey de Israel y no por él, sino por el peligro que le supuso al rey de Judá el decidir emparentar con él y hacerse partícipe de sus nefastas decisiones. 

Aunque viéndolo de lejos y desde nuestra vida redimida en Cristo, podemos rasgar nuestros vestidos al más puro estilo del fariseo que juzga a otro, lejos de juzgar tanto la conducta de Acab, por pretender burlar a Dios, como la de Josafat por permitirse participar de ello, el texto nos invita a mirar introspectivamente nuestra manera de vivir la fe y la aceptación de la voluntad de Dios en nuestro día a día. 

No hay creyente exento de encontrarse en situaciones en las que Dios dice claramente en Su palabra cómo obrar, mientras que, a su parecer y según le apetece, acabe creyendo pretenciosamente que el Señor va a hacer una excepción con él. 

Y es que el pensamiento de que Dios vaya a hacer una excepción con nosotros no proviene del Espíritu, sino es nuestra soberbia manifestándose e intentando vanamente que la voluntad divina se acomode a nuestro interés. 

Pero como somos de Dios, la vida de los redimidos en Cristo tiene un propósito, que se cumplirá sí o sí a pesar de las consecuencias derivadas de las decisiones que tomemos al márgen de Él. 

Consecuencias que deberemos sobrellevar con humildad y gratitud, las cuales nos van a servir para recordar que es Dios quien sabe lo que nos conviene y que, a pesar de todo, el Señor nos encamina incluso cuando, por nuestra obcecación, hayamos caído en aquella situación tan insostenible que ya no sabemos ni por dónde tirar. 

Ahí es cuando nos ocurre lo que a Josafat, que estando a punto de morir en manos de los de Ramot de Galaad no le quedó otra que clamar a Dios. 

Hoy va a ser el día en que nuestro paso se encamina firmemente sobre la voluntad de Dios. 

Siendo que si como Acab, hemos buscado salir airosos al márgen de Su palabra, recordemos tal advertencia:

"No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna."
Gálatas 6:7-8

Y si, como en el caso de Josafat, nos vemos envueltos en el problema por habernos dejado llevar por otros, no nos olvidemos nunca de clamar a Dios. Cantaremos, pues:

"Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma. A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua. Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; Atendió a la voz de mi súplica. Bendito sea Dios,que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia."
Salmos 66:16-20

















viernes, 3 de febrero de 2023

LA DISPOSICIÓN DEL CORAZÓN, 2 Crónicas 18:18-22

LA DISPOSICIÓN DEL CORAZÓN, 2 Crónicas 18:18-22

Entonces él dijo: Oid pues palabra de Jehová: Yo he visto a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba a su mano derecha y a su izquierda. Y Jehová preguntó: ¿Quién inducirá a Acab rey de Israel, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía así, y otro decía de otra manera. Entonces salió un espíritu, que se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué modo? Y él dijo: Saldré y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas. Y Jehová dijo: Tu le inducirás, y lo lograrás; anda y hazlo así. Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de estos tus profetas; pues Jehová ha hablado el mal contra ti.
2 Crónicas 18:18-22

Retomando la lectura y reflexión en el segundo libro de Crónicas, Micaías es llamado a profetizar por solicitud de Josafat.

Antes de esto, y como recordatorio, en los versos anteriores vimos que Josafat emparentó con Acab, pactando matrimonio de su hijo con la hija del rey de Israel.

Acab, pues, recibió la visita de Josafat, el que sería su consuegro y, aprovechando la visita, lo convenció para que fuese con él a la guerra contra Ramot de Galaad.

Habiendo Josafat aceptado, sin pensárselo dos veces ni consultarlo con el Señor, puso sin embargo como condición que Acab consultase a Dios si es que debían o no salir a la guerra. En lo que Acab acepta, eso sí, llamando solamente a los profetas que le auguraban siempre a favor de él.

Detectando Josafat que éstos sólo decían lo que su rey quería escuchar, reconvino a Acab para que buscase un verdadero profeta de Dios, cosa difícil de encontrar en un reino de donde los sacerdotes y levitas fueron expulsados, para poner en su lugar a aquellos que adoraban a los baales de su mujer, Jezabel.

Pero aún quedaba uno, este era Micaías, que sus penas le costaría cada vez que era enviado al rey para decirle la verdad. Y a éste, a quien no quiso llamar Acab, tuvo que hacerlo venir por petición de su futuro consuegro.

Acab ya se esperaba que no le iba a profetizar a su favor, como era costumbre.

Y después de que se confirma que efectivamente Micaías profetiza en su contra, es cuando el cronista narra esta representación que proferirá, según la leemos, delante del rey de Israel y de sus falsos profetas.

Con estas palabras, la verdad espiritual que Micaías quiso representar era muy simple: todos los demás profetas eran falsos y sólo él hablaba de parte de Dios.

El corazón de Acab, ensimismado y dirigido a Jezabel, no iba a aceptar la palabra de Dios.

Micaías representa aquí el endurecimiento de Acab a través de esta escena, en la cual Dios está en Su trono, no siendo ya solamente el Dios de Israel, sino Dios universal. Y a todo el ejército de los cielos sujetados a Su orden, de entre el cual hay un espíritu que se ofrece para engañar a todos los profetas del rey de Israel.

No es que con esto quiera decir que Dios sea un tirano, que condena injustamente a nadie a no creer o a creer mentira, sino que el relato trata simplemente de la confirmación de cuál es la disposición del corazón de Acab.

Porque queriendo escuchar solamente a los que profetizan a favor suyo, estaba cerrando su corazón a la verdad.

Al fin y al cabo cada cual acaba escuchando, como Acab, lo que en su corazón se ha dispuesto a escuchar.

Esto es un peligro, si es que nuestro corazón no está dispuesto a Dios.

Cualquiera es susceptible de caer en el ensimismamiento de creer "yo merezco esto o aquello".

Y aunque los que somos en Cristo hemos sido capacitados por el Espíritu Santo, por cuanto mora en nosotros, a reclinar este tipo de pensamientos egocéntricos, debemos reconocer que no son pocas las veces que una meditación por el estilo se trata de hacer sitio en nuestra mente, en los momentos más bajos.

Lo peligroso viene cuando prestamos oído de más a ese lejano eco codicioso, permitiendo que cada vez sea más audible, de modo que acabemos adoptándolo como una voluntad propia mayor a la de seguir a Cristo, quien advirtió a sus discípulos:

"Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame."
Lucas 9:23

Debemos reconocer que, como humanos que somos, a los creyentes no nos gusta sufrir y que, aunque el Espíritu nos reconforta, grande es la tentación de que en momentos de debilidad podamos acabar pensando que a Dios no le gusta ver sufrir a sus hijos, en justificación de aquel obrar al márgen de la voluntad del Padre, la cual es conforme a la imagen y al carácter de Cristo.

Pero no es sino a través del sufrimiento temporal que nuestra alma puede verse fortalecida y dirigida hacia lo eterno, ya que nuestra carne siempre tenderá a lo suyo propio, lo cual es cosa temporal que sólo se aprovecha mientras este cuerpo vive.

La pregunta que nos ha de surgir ante esta reflexión es si estamos dispuestos a soportar el sufrimiento, si es que llega este a nuestra vida, por tal de seguir forjándonos en el carácter de Cristo.

Hoy es día de echar una mirada introspectiva a la disposición real de nuestro corazón, si es que somos de Cristo, con todas las consecuencias que pueda acarrear en este mundo, o si solamente estamos dispuestos a llevar la etiqueta.

El Señor nos fortalezca para soportar los sufrimientos y si, por si acaso,  pensamos llevar de Cristiano solamente el nombre, sepamos que el nombre no salva si no se tiene al Señor que lo comprende.

Daremos gracias a Dios porque todos los días nos da una nueva oportunidad de disponer nuestro corazón a Él, para no terminar como Acab, endurecidos por escuchar a los palabreros.

Y para palabra, ésta, la cual todos los días es buena retenerla:

"Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación."
Hebreos 3:14-15

















domingo, 1 de enero de 2023

DECISIONES Y CONSEJOS, 2 Crónicas 18:1-17

DECISIONES Y CONSEJOS, 2 Crónicas 18:1-17

"Y dijo Acab rey de Israel a Josafat rey de Judá: ¿Quieres venir conmigo contra Ramot de Galaad? Y él respondió: Yo soy como tú; y mi pueblo como tu pueblo; iremos contigo a la guerra. Además dijo Josafat al rey de Israel: te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová. Entonces el rey de Israel reunió a cuatrocientos profetas, y les preguntó: ¿Iremos a la guerra contra Ramot de Galaad, o me estaré quieto? Y ellos dijeron: Sube, porque Dios los entregará en mano del rey. Pero Josafat dijo: ¿Hay aún aquí algun profeta de Jehová, para que por medio de él preguntemos?"

"Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: Haz venir luego a Micaías hijo de Imla."

"Dijo Micaías: Vive Jehová, que lo que mi Dios me dijere, eso hablaré. Y vino al rey."

"Entonces Micaías dijo: He visto a todo Israel derramado por los montes como ovejas sin pastor; y dijo Jehová: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno en paz a su casa. Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te había yo dicho que no me profetizaría bien, sino mal?"
(2 Crónicas 18:3-6, 8, 13, 16 y 17)

Continuamos leyendo sobre el reinado de Josafat, por el capítulo dieciocho, donde el cronista nos habla de su emparentamiento con Acab, el rey de Israel.

Acab ha pasado a la historia por ser el peor rey de Israel. Éste es el que tenía por mujer a Jezabel y llevó todo su reinado influenciado por ella.

(Los hijos de estos dos reyes eran prácticamente de la misma edad, por lo que Josafat pactó con Acab el matrimonio entre ambos.)

Y el relato que va a narrar después de mencionar ésto, inicia con la visita de Josafat al rey de Israel. Acab lo recibe con un buen banquete de bienvenida, ocasión perfecta para convencerle de que se uniera con él en lucha contra Ramot de Galaad.

No le costó mucho convencerlo, pues Josafat aceptó casi al momento y de forma unilateral, esto es, sin consultar antes con Dios al respecto.

Seguidamente leemos que Josafat sí le pide a Acab que consulte a Dios, ya no tocante a su colaboración, sino a si debían o no salir en ataque contra Ramot de Galaad.

A lo que hace llamar a cuatrocientos de sus profetas, quienes auguraron todos a su favor.

Detectando Josafat que éstos no eran profetas del Señor, y por solicitud suya, Acab acaba trayendo a Micaías, muy a regañadientes, pues éste sí le profetizaba según lo que Dios le daba a decir, que siempre acababa siendo lo contrario a lo que el rey de Israel deseaba escuchar.

Y en este caso no fue distinto, así que Micaías profetizó en su contra.

A veces nos ocurre que tomamos decisiones sin tener en cuenta a Dios, pensando que hacemos un bien, como hizo Josafat al querer ayudar a Acab.

Una vez enrolados en nuestra decisión buscamos consejo de Dios, pero a veces lo buscamos en lugares equivocados, igual que Josafat, pudiendo él mismo consultar con Dios, le va a pedir a Acab que lo haga él, éste que precisamente había echado a todos los profetas del Señor fuera de su reino.

Después de escuchar tanto consejo, puede ser que nos suceda como Josafat, que se percató de que ninguno de esos profetas eran del Señor, y mandara a traer a uno que sí lo fuera.

Ese es el día que realmente buscamos el consejo divino, el que nos guía a toda verdad, revelándonos a través de éste cuál es la voluntad de Dios con respecto a la situación en la que nos encontramos, la cual será más bien desfavorable si es que estamos donde estamos por nuestra propia decisión.

Asimismo Josafat pudo entender claramente que Dios no estaba de acuerdo con que Acab y Ramot de Galaad se enfrascaran en una batalla, pues a consecuencia de ésta el rey de Israel saldría perdiendo.

Durante el pasaje reflexionado hoy hallamos que Dios no avala nuestras decisiones tomadas unilateralmente y que si buscamos consejos en el lugar equivocado, por muy favorables que éstos parezcan, no serán verdaderos ni conforme a la voluntad de Dios.

No será la primera vez que nos haya ocurrido como a Josafat.

Pues, ¿cuántas veces nos enfrascamos en situaciones que no nos competen sin consultar primero cuál sea la voluntad de Dios?

Igualmente, ¿cuánto tiempo habremos perdido a veces de mal en mal consejo, por no buscar directamente en la palabra de Dios?

Hoy es día de meditar cuántas son las decisiones que tomamos a diario por nuestra propia cuenta y cuáles son las que hemos sometido de antemano a la voluntad de nuestro Padre celestial.

Porque más de un disgusto nos ahorraremos cuando sea el Señor guiando nuestros pasos, retengamos en la memoria este sabio consejo.

"Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados."
Proverbios 16:3



















viernes, 30 de diciembre de 2022

EL PODER DE LA PALABRA, 2 Crónicas 17:9-11

EL PODER DE LA PALABRA, 2 Crónicas 17:9-11

Y enseñaron en Judá, teniendo consigo el libro de la ley de Jehová, y recorrieron todas las ciudades de Judá enseñando al pueblo. Y cayó el pavor de Jehová sobre todos los reinos de las tierras que estaban alrededor de Judá; y no osaron hacer guerra contra Josafat. Y traían de los Filisteos presentes a Josafat, y tributos de plata. Los Arabes también le trajeron ganados, siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabrío.
2 Crónicas 17:9-11

Nos encontramos en un punto de la lectura en que el cronista va a presentar el poder en el reinado de Josafat. 

Inicialmente ya se nos presentó como aquel que anduvo en los primeros caminos de David y que, por tanto, Dios estuvo con él. 

Seguidamente, entre los versos seis y ocho, nos describe el desarrollo natural de un corazón verdaderamente dispuesto al servicio y a la fidelidad a Dios. 

Mostrándonos cómo el crecimiento y la expansión interna del conocimiento y la aplicación de la ley de Dios, en el trono y en las instancias superiores, iban a llevar sí o sí la expansión de la Palabra al resto del pueblo. 

Y en este punto nos encontramos el pasaje a tratar: 

En el versículo nueve vemos que los príncipes enviados por Josafat y acompañados por los levitas y sacerdotes seleccionados por él, recorrieron todas las ciudades del reino enseñando el libro de la ley, no parafraseada o dicha de memoria, sino llevándola consigo, de modo que era exclusivamente la ley de Dios la que se enseñaba, y nada más. 

El libro de la ley de Jehová, como leemos en el Antiguo Testamento, no solía referirse a un sólo libro, que para entonces se presentaba en formato de rollo, sino del compendio de los cinco libros Mosáicos, los comprendidos desde el Génesis y hasta el Deuteronomio y que comúnmente conocemos como el Pentateuco. 

En este caso podríamos entender que la enseñanza se basara directamente en el libro de Deuteronomio, que es el que comprende el recordatorio de la ley dada por Dios a Moisés en el Sinaí y lo acontecido durante los cuarenta años de vagar en el desierto. 

La enseñanza y aplicación de la ley no se presentan solas, sino que mediante sendas conjunciones copulativas, el cronista añade dos consecuencias positivas, como resultado de ésta. 

La primera es el poder que adquiere el reino de Judá a ojos de sus vecinos, los cuales, se dice, no osaron hacer guerra contra Judá. 

La segunda es cómo, ese poder que el reino obtiene con la ley de Jehová, no solamente lo salvaguarda de los peligros que le rodean, sino que aún éstos mismos le van a ofrecer presentes, tributos de plata e incluso el cronista nos enumera un muy sustancioso regalo de ganado por parte de los árabes. 

Los peligros que acechaban al reino de Judá no eran pocos, los egipcios, los filisteos y los edomitas, así como los etíopes o cualquier otra nación vecina, eran aférrimos enemigos de Israel, a excepción de los tiempos en que hubo alianzas diplomáticas con ellas, durante el reinado de Salomón. 

Pero la implantación y aplicación de la ley en Judá le otorgó poder ante los ojos de su enemigo, que ya no solamente desestimó atacarle, sino que además le temía al punto de servirle con tributos y ofrendas. 

La ley de Jehová no sólo se entiende como la ley Moisáica recibida en el Sinaí, sino que es la totalidad de la palabra de Dios.

La palabra de Dios es poderosa, por cuanto es creadora y sustentadora de vida. 

En el Salmo treinta y tres, tocante a la Palabra, el salmista dice así: 

"Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca."
Salmos 33:6

Es esta palabra descrita en este Salmo, en la Septuaginta traducida como Logos (Λόγος), de la que se hará uso Juan para describir al Señor Jesucristo como el Dios Creador y el Dador de vida, así como, dice, en él estaba la vida, la luz de los hombres.

Y el autor de la carta a los Hebreos describe el poder de Su palabra como la base del sustento de toda la creación:

"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,"
Hebreos 1:1-3

El Señor, siendo Dios y el sustentador de toda la creación, se hizo hombre. ¡El Eterno y Todopoderoso Dios haciéndose accesible a los hombres!

Cumpliendo con Su plan de salvación, trazado desde antes de la fundación del mundo, murió en la cruz del Calvario entregando Su santa, perfecta e impecable vida (la cual es eterna) en pago por nuestros pecados y librándonos de la acción de la muerte por medio de Él, habiendo tomado de nuevo Su vida al tercer día, tal como anunció a sus discípulos. 

Aunque también, avisó, el cristiano no hallaría paz en el mundo, sino aflicción, siendo Él nuestra paz, alentándonos seguidamente: "Pero confiad, yo he vencido al mundo". 

¡Tamaña y contundente declaración de victoria! Pues Cristo, venciendo al mundo, no nos puede llevar a otro estado que el de la victoria, a los que hemos creído en Él y lo tenemos por Señor y Salvador personal. 

Aunque creyentes en Cristo, somos humanos. Y en esta humanidad debemos reconocer que no siempre vivimos con la expresión victoriosa de Cristo como estandarte. Sino que este mundo puede llegar a resultarnos tan cruel que existen momentos en que la desesperación o la impotencia irrumpa en nuestro ánimo.

En base al texto reflexionado y mirándonos introspectivamente con respecto a nuestra actitud, reacción o estado en que afrontamos aquellos momentos difíciles que nos rodean, hoy es día de meditar hasta qué punto estamos dejando que sea la Palabra de Dios la que dirija nuestra vida y no nuestro propio parecer. 

Porque el poder de la Palabra de Dios es mayor que todos los peligros juntos que nos acechan. 

Y por si nos sentimos desbordados por el peligro que nos rodea, sea nuestra paz fortalecida con los siguientes versos:

"Todo el día mis enemigos me pisotean; Porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia. En el día que temo, Yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?"

Salmos 56:2-4 





















viernes, 23 de diciembre de 2022

EL BUEN EJEMPLO, 2 Crónicas 17:3-4

EL BUEN EJEMPLO, 2 Crónicas 17:3-4

Y Jehová estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre, y no buscó a los baales; Sino que buscó al Dios de su padre, y anduvo en sus mandamientos, y no según las obras de Israel.
2 Crónicas 17:3-4

Alcanzamos el capítulo 17 del segundo libro de Crónicas donde se nos presenta a Josafat, el hijo y sucesor de Asa.

Sobre él podemos saber, a través de la lectura en el primer libro de los Reyes, que comenzó a reinar a los treinta y cinco años y su reinado duró veinticinco.

Se habla de él que siguió el buen ejemplo de su padre Asa, en cuanto a rectitud y bondad delante de Dios, y que hizo paz con el rey de Israel, además de expulsar a los sodomitas del territorio de Judá.

En el caso de la lectura en crónicas hay datos que no se muestran o se nombran más adelante, enfatizando más sobre el fortalecimiento del reino durante el trono de Josafat y el favor de Dios para con él, en consecuencia de su buen hacer delante de Dios.

Y es que se dice de él que siguió los primeros pasos de David, los buenos, los anteriores a los pecados que recayeron en fatal consecuencia para con su familia por el resto de su vida.

Además dícese que no buscó a los baales, y con baales no entendemos sólo a los dioses hechos por manos de hombres, sino a los mismos hombres, si éstos son tomados en mayor consideración que Dios. Algo así como hizo Asa al enfermar de los pies, que acudió a los médicos pero no a su Creador.

Y otro punto de contraste para con su padre, a pesar de seguir su ejemplo, es nombrado cuando se recalca que Josafat anduvo en los mandamientos de Dios y no según las obras de Israel.

Porque en este punto es donde cayó Asa que, fijándose en los hechos de Israel, acabó haciendo lo mismo que éste, que fue aliarse con su enemigo en lugar de sostenerse en la ley de Dios y en sus mandamientos.

Y leemos, en el inicio del pasaje a reflexionar, la consecuencia de haber tomado el buen ejemplo de sus padres: Jehová estuvo con él.

Estamos en fechas en que se celebra mundialmente la Navidad. Es una festividad que conmemora el nacimiento de Jesús y en alusión a los presentes que le dieron los magos de oriente, los padres hacen regalos a sus hijos haciéndoles creer que estos magos son tres y que aún existen hoy día, y que tienen la capacidad mágica de trasladarse a todo lugar a tiempo de entregar todos los regalos a todos los niños del mundo mientras éstos duermen. Cosa que la calidad y cantidad de regalos, dicen sus padres, depende de cómo se han comportado durante el año, ya que estos magos pueden también verlo todo, por lo que conocen cuándo el niño se porta bien o mal.

Pero el verdadero sentido navideño no reside en regalos, ni en fiestas pomposas, ni en atracones a dulces, comilonas o bebidas alcohólicas.

Navidad, derivada de la palabra Natividad, significa "nacimiento" y sólo puede tener sentido en Cristo, que siendo Dios, se manifestó en carne, naciendo humildemente como un bebé que no tenía más lugar donde acostarse que un pesebre, que por definición es un recipiente donde se le echa de comer a los animales.

Y en ese recipiente, entre pañales, un bebé, Dios con nosotros, Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios, el Redentor prometido desde que Adán fuera expulsado de Edén tras su pecado.

Dios se hizo hombre para cumplir con Su promesa de redención, consumada en la cruz del Calvario.

Con esta consumación,Jesús nos abrió el acceso a la vida eterna, por medio de la fe en Él. De modo que a todo aquel que en Él cree, en reconocimiento de sus pecados y en aceptación a Él como Señor y Salvador personal, le es quitada la condena a muerte que pesaba sobre él por las deudas de sus pecados (Dios pagó en su carne por esos pecados en la cruz, para librarnos de ellos en toda justicia), y le es dada la nueva vida en Él, para justificación en Cristo delante del Padre.

Pero no nació el Señor y creció de repente para ir a muerte y "ya está", aunque tras Su muerte vino Su resurrección, y después vendrá Su vuelta. Sino que siendo Dios Hombre se sujetó como todo hombre a las leyes naturales que afectan en el ámbito humano, como el tiempo, el crecimiento físico e intelectual y la madurez en Su capacitación para llevar a cabo Su ministerio.

Y con toda esta sujección en lo humanamente hablando y en Su obediencia a la voluntad del Padre se presenta a nosotros como el ejemplo a seguir, el modelo, el excelente paradigma para todo hombre.

Porque Él es Dios, se cumple en Él lo que dice el autor de la epístola a los Hebreos:

"Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado."
Hebreos 4:15

Totalmente impecable, el único modelo que podemos seguir a pies juntillas, estando ciertos que imitándole a Él no hay nada malo que podamos cometer.

Claro, nosotros no somos Dios, de modo que, aunque el Espíritu Santo mora en cada creyente y lo va encaminando al carácter de Cristo mediante Su palabra y la aplicación de ella en su vida, podemos ir cometiendo fallos y sucederán mientras ocupamos este cuerpo terrenal, corruptible y perecedero.

Lo que se nos hace necesario mirar a Él, recordando que dijo "aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón", asimismo como asevera Pablo en la mimetización de Su carácter:

"Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo."
1 Corintios 11:1

Porque hay que reconocer que, por ser el summum de la perfección, se nos complica muchas veces imitar directamente a Cristo, no porque no se pueda, ya que debemos hacerlo, sino por nuestra debilidad que nos limita.

Y por ello es bueno asirse de hermanos fieles que van mostrando Su carácter, de manera que se hace más fácilmente asimilable en su práctica.

Pongamos que nos va a ser más accesible imitar a Pablo que al Señor. Imitando pues a Pablo en lo que él imita al Señor, ya estamos adquiriendo el ejemplo de Cristo.

Pero, ¡cuán difícil se nos hace, a veces, en la cotidianidad de nuestro día a día en este mundo contaminado de pecado, y más en medio de las adversidades!

Otra dificultad añadida es la pluralidad de carácteres dentro de la unidad eclesial, por cuanto cada uno tenemos nuestra propia personalidad y formas de entender la vida en Cristo, dentro de la fe en Él y conforme a la idiosincrasia personal.

Consejo escribió Pablo a los hermanos de Filipos, para que en esta diversidad no se vieran tentados a mirar los defectos de cada cual, sino que en lo bueno se fueran edificando.

"Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros."
Filipenses 4:8-9

Hoy es día de meditar sobre a quién tenemos como ejemplo de vida, si a un hermano, si a nuestros padres... si al ideal que es Cristo...

Y si por si acaso sintamos dificultad por seguir en la rectitud de aquellos primeros caminos de David, tal como se dice que siguió Josafat, aferrémonos a estas palabras, recordando que no es por nosotros sino por el Espíritu Santo que nos encamina:

"Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud."
Salmos 143:10

















viernes, 16 de diciembre de 2022

FATAL DESENLACE, 2 Crónicas 16:10-13

FATAL DESENLACE, 2 Crónicas 16:10-13

Entonces se enojó Asa contra el vidente, lo echó en la cárcel, porque se encolerizó grandemente a causa de esto. Y oprimió Asa en aquel tiempo a algunos del pueblo. Mas he aquí, los hechos de Asa, primeros y postreros, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. En el año treinta y nueve de su reinado, Asa enfermó gravemente de los pies, y en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos. Y durmió Asa con sus padres, y murió en el año cuarenta y uno de su reinado.
2 Crónicas 16:10-13

Ultimamos los detalles de la vida y el reinado de Asa, que Dios ha permitido al cronista plasmar en este libro.

En su trono vimos ejemplaridad de obediencia y fidelidad a Dios por largos años. Pero lamentablemente llegó el momento en que al cronista le tocó anotar los postreros hechos de su reinado, que no tienen nada que ver con los primeros.

El colmo llega a su punto más álgido cuando, enviado Hanani a reprender a Asa su tamaño error al aliarse con el filisteo, el rey no sólo desoye la palabra, sino que aún reacciona violentamente echándolo a la cárcel.

Cabe decir que el encarcelamiento no suponía, como entendemos hoy, la mera retención de una persona en una celda en contra de su voluntad. Sino que aún al preso se le infligía tortura, en el sentido en que debía estar incómodamente atado en un madero de modo que no pudiera moverse.

En algunas traducciones al español, el enojo de Asa se expresa como enfurecimiento, indignación e irritación o ira.

Pero su soberbia reacción no quedó ahí, en lo que pudiera ser un mero arrebato humano, del cual nadie es libre de ser llevado por él en momentos de obcecación, y del cual uno se arrepiente.  Sino que aún se relata que también ejerció opresión sobre algunos del pueblo.

Continuando la lectura, tres años pasaron desde la alianza de Asa con el filisteo, tiempo más que suficiente para enmendar su error y volverse a Dios.

Lamentablemente el cronista relata que, habiendo enfermado gravemente de los pies, el rey no acudió a Dios, sino a los hombres.

Y es que Asa pareció llevarse el orgullo pegado a sus pies, aquellos pies que no acudieron a Dios en el peor momento de su vida, apresurándolos neciamente a la muerte.

Le aconteció que sus pies se apartaron de la ley y no quisieron volver después de ser amonestado. En consecuencia le sobrevino así como el proverbio advierte:

"La reconvención es molesta al que deja el camino; y el que aborrece la corrección morirá."
Proverbios 15:10

Leído ésto, es una lástima que tras su tan buen inicio y sus consiguientes años de consagración a Dios en su reinado, Asa acabara tan mal en sus últimos tres años de vida, y todo por no querer reconocer su error sino más bien mantenerse en él.

Este terrible acontecimiento acaecido a Asa en sus últimos años de reinado no aparecen en el relato del primer libro de los Reyes, sino tan sólo una breve mención a su enfermedad.

No obstante el cronista sí que fue inspirado a plasmarlo en este pasaje, por lo cual nos sirve como contraejemplo del buen proceder del hombre de Dios, además de recordarnos que ni el más fiel y confiado en Dios está libre de acabar tropezando sus pies al finalizar el trayecto de su vida sobre la tierra.

Y para que no nos ocurra como a él, será bueno preguntarnos: ¿Cómo pudo llegar a aliarse con su enemigo después de las victorias y la paz que gozó tras teinta y cinco años de su reinado, gracias a Dios? ¿Cómo es que reaccionó tan mal ante la reprensión del profeta? ¿A qué se debió esa hostilidad posterior contra algunos del pueblo? ¿Tuvo oportunidad de arrepentirse?

Primeramente Asa se debió acomodar en la paz de su reinado. Al no recibir amenazas de guerra por largo tiempo, debió descuidar su necesidad de acudir a Dios en el resto de la cotidianidad en sus asuntos reales.

Esto puede acontecerle a alguien que ha alcanzado, como él, una estabilidad que lo hace sentir fuerte, autosuficiente y seguro de sí mismo.

En prevención, nosotros nos asiremos del aviso de Pablo:

"Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga."
1 Corintios 10:12

En cuanto a su reacción contra Hanani, podemos ver un claro rechazo hacia la confrontación, por cuanto no quería arrepentirse.

Esto acontece muy a menudo durante la exposición del evangelio, que provoca el rechazo de muchos. No porque el evangelio sea digno de rechazar, sino porque sus conciencias se ven golpeadas y se resisten al arrepentimiento.

"Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas."
Juan 3:20

También esto puede acontecer al creyente, que sabiendo que ha obrado mal, rechace la amonestación para que su obra no sea expuesta.

En contraposición a ésto, deberíamos buscar precisamente el rechazo de todo lo malo que puede haber en nuestra vida. Porque no somos libres de caer así como de cometer errores a lo largo de un sólo día, deberíamos empaparnos de la disposición de David por mostrarse íntegro delante de Dios, de manera que antes de recibir amonestación alguna, podamos clamar a Dios tal como él dijo:

"Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón."
Salmos 26:2

Tocante a la opresión que ejerció luego a algunos del pueblo, como si le hubiera sabido a poco encarcelar al profeta, sólo podemos observar el resultado del rencor y del resentimiento de quien hace de un enfado momentáneo un estado permanente en su corazón.

Por aquí corremos peligro muchos, por no decir todos, que venciéndonos por el estrés diario o cualquier otro motivo que nos provoque irritación, no lo resolvamos lo antes posible, sino que, alargando la molestia, influya en nuestro entorno y al resto de áreas en nuestro diario vivir.

Dos advertencias nos servirán en este caso:

"Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo."

"Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;"
(Efesios 4:26-27 y Hebreos 12:15)

Finalmente vimos que Asa tuvo tres años para arrepentirse y clamar a Dios, al contrario se mantuvo en su pecado. Quizá por orgullo, pero también pudiera ser que aquel acto público de encarcelar a Hanani y de castigar con dureza a sus defensores le provocara tal vergüenza que no se sintiera digno de acudir a Dios, fatal error por su parte, acudiendo finalmente a los mortales.

Hoy es día de meditar en el estado de nuestro corazón, de modo que no haya un pecado que nos esté estorbando en el mantenimiento de nuestra relación con Dios o nos haga sentir indignos de acudir a Él, por no haber querido arrepentirnos en su día.

Si es el caso, Dios es grande en misericordia y jamás rechaza un corazón arrepentido, ¿pudimos arrepentirnos antes de causar menos dolor del que causamos? Probablemente sí, pero nunca es tarde para acudir a nuestro Padre celestial.

"Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro."
Hebreos 4:15-16
























ACTITUD VICTORIOSA, 2 Crónicas 20:15-17

ACTITUD VICTORIOSA, 2 Crónicas 20:15-17 Y dijo: Oid, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén , y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: N...